Una pequeña jaula de pájaros adquirida en Atenas -la “patria” de la democracia.
Jaula: en latín cavea, un recinto o una cavidad para encerrar animales salvajes, y las gradas de un teatro o un anfiteatro desde donde el público asiste a una representación y descubre el drama que se escenifica ante sus ojos.
En su interior, dos ovillos compuestos por mechones. El pelo es una reliquia. Remite a quien lo poseía. Cuando el cuerpo fallece, el pelo sigue vivo un tiempo, crece y perdura. La persona sigue, de algún modo, allí presente. El pelo es un signo de identidad; y de vigor, de fuerza y de valor. La humillación, por el contrario, pasa por rapar la cabeza. Y la pérdida del pelo conlleva la inmediata debilidad de la persona.
Dos ovillos en una jaula. ¿Una pareja, acaso? Puede haber hallado un refugio seguro detrás de unos barrotes, que corten el paso a quien pudiera causar el mal, pero pudieran igualmente haber quedado encerrados, habiéndose el hogar transformado en una cárcel.
La artista libanesa Mona Hartoum deja la puerta abierta a interpretaciones opuestas. No fuerza ninguna lectura.
La situación del Líbano, hoy, apunta, sin embargo, inevitablemente hacia una determinada visión.
Otra gran obra, de pequeñas dimensiones, expuesta en la feria ARCO, en Madrid, este año.


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