lunes, 28 de octubre de 2013

La arquitectura, según Aristóteles

Arquitectura es un término que procede del griego antiguo. fue, al parecer, empleado por vez primera por Demócrito, en el s. V aC, y Platón lo solía utilizar.

Es Aristóteles, sin embargo, el que le dio un uso más recurrente. Le cambió el significado, empero, o le enriqueció. No solo lo empleó en sentido literal y habitual -arquitectura: el arte de dirigir a albañiles, el arte del maestro de obras-, sino metafóricamente. Lo arquitectónico calificaba una acción o una ciencia (un conocimiento, un método) que tenía un fin último, sin someterse ni servir a ningún otro método. El uso de dicho método desembocaba en un "producto", en una consecuencia finales.

Para Aristóteles, el arte o la ciencia por excelencia era el arte política. Ésta consistía en el justo gobierno de los seres humanos. Los seres humanos se distinguían de las bestias, los bárbaros y los dioses, porque vivían en una comunidad: en una ciudad (una "polis"). La ciudad hacía al ser humano. Reglas de convivencia eran necesarias. Perseguían en bien colectivo e individual, supeditando éste, o el de unos pocos, al bien común. No comentaremos, por ahora, que la ciudad podía albergar a seres humanos que no eran ciudadanos: los esclavos, los niños, los extranjeros y las mujeres, eran solo parcialmente ciudadanos. Sin embargo, no eran bárbaros ni bestias.  

La política era una ciencia cuya finalidad era instaurar y regular el orden comunitario (urbano, "político"). Regulaba las acciones humanas de modo que no turbaran dicho orden. Esta ciencia, política, podía recurrir a otras ciencias subalternas, la retórica, por ejemplo, necesaria para comunicar adecuadamente las reglas de convivencia, tal como destaca Aristóteles, tanto en la Ética a Nicómaco, cuanto en la Política, dos textos, quizá excesivamente morosos, pero esenciales para entender la concepción de la vida urbana -es decir, ética- en la Grecia antigua.
La arquitectura era, así, el arte de componer y articular diversas ciencias, artes o métodos, poniéndolos al servicio de una ciencia superior, con la finalidad de obtener un fin: la instauración y la defensa de unas normas justas en una comunidad urbana.

Aristóteles consideraba que la arquitectura era o es un arte de encaje que establece una relación necesaria entre una acción y su consecuencia, un beneficio colectivo. La arquitectura construye o trama las reglas que regulan la vida en común.

Toda vez que la arquitectura o "lo arquitectónico" nombra un hacer regulado con vistas a un fin, que exige sabiduría, un carpintero o un armero que fabricaba cascos podían ser arquitectos, según cuenta Aristóteles en la Física. Este uso sorprendente del término arquitectura revela que para Aristóteles lo arquitectónico se se limita a la proyectación y la construcción, sino a la ideación. Lo que el carpintero y el político tienen en común, que les permite ser calificados de arquitectos, no es el tipo de saberes y de obrar, ni la materia sobre la que obran, sino el obrar con vistas a un fin. la existencia de un plan, estuviera pensado o dibujado. El arte, la técnica o el método solo se subordinan a ningún otro proceder. Hacer arquitectura consiste en planificar, es decir operar según reglas con vistas a un resultado consecuencia del obrar, previsto y anunciado por éste. Por tanto, un arquitecto es quien logra establecer el orden, en la materia o en comunidades: ordenar el mundo y los humanos.

"En todas las artes y las artes (tais epistemais tais technais) el fin es el bien; por tanto, el mayor y más excelente será el de la suprema entre todas, y ésta es la disciplina política (politike dynamis); y el bien político es la justicia, que consiste en lo conveniente para la comunidad" (Aristóteles, Política, III, 12)

El uso metafórico de la arquitectura provendría de la contemplación del trabajo del maestro de obras; pero, al mismo tiempo, la lenta elevación del arquitecto, despegándose del artesano, y la comparación entre las divinidades supremas que edifican y ordenan el cosmos, y los arquitectos, podrían, a su vez, derivar de la comparación entre edificar y educar o regular establecida por Aristóteles.

Dotar de cualidades morales la acción elevadora no es nueva. Ya en Mesopotamia, un objeto recto, como un bastón de mando, simbolizaba la rectitud de las decisiones del rey cuando empuñaba la vara, así como la rectitud innata del monarca en tanto que formador y educador (buen pastor) de una comunidad.

Pero fue, posiblemente Aristóteles, quien equiparó la labor del arquitecto con la del político (no cabe escribir "buen político", pues un político que merecía este nombre persiguía el bien común).
Todo político era un arquitecto: ordenaba el espacio e instauraba leyes con las que se regulaba la vida en la ciudad. Una vida que no resultaba de la suma de vidas individuales, sino una vida distinta, propia de una comunidad, que aceptaba dejar de lado necesidades o deseos particulares en beneficio de los de todos.

5 comentarios:

  1. fuente de investigación??

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    1. El texto de Aristóteles, La Política

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    2. Saludos. He revisado una versión española de La Política (traducción de Pedro Simón Abril de aproximadamente 1910), pero no encuentro las referencia a la arquitectura o lo arquitectónico. ¿Podrían ser tan amable de indicar la fuente exacta por ustedes consultada?

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    3. Buenos días

      Utilicé la traducción y anotación de Manuela García Valdés de la editorial Gredos, y la principal cita es 1282 b (libro III, 12, 1).
      Utilicé también la edición bilingüe de Les Belles Lettres, París, 1972, traducción y comentario de Jean Aubonnet, ps. 76-77, si no me equivoco.
      Lamento no haber sido más preciso en la entrada del blog

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