viernes, 22 de abril de 2016

La ciudad y las bombas



Sprawl es una palabra inglesa que ha pasado casi al vocabulario habitual del urbanismo en otras lenguas. Designa la creciente extensión en todas direcciones de barriadas o ciudades-jardín, supuestamente idílicas, compuestas por un sin número de villas aisladas, rodeadas de jardín, con un frente de césped dando a una trama de calles a imitación de caminos en el campo, de la que ninguna verja las aisla. Se traduce por dispersión urbana.
Se ha pensado que este tipo de crecimiento urbano, que ocupa un territorio desmesurado, muy lejos del centro de la ciudad -si es que existe-, es una transposición de las ciudades-jardín inglesas a los Estados Unidos, o bien refleja el gusto por lo rural y el aislamiento de pequeñas comunidades protestantes que revelan la procedencia centro europea de los emigrantes, reacios a la estructura urbana compacta del sur de Europa. La escasa población de los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX y la extensión del territorio, permitía esta ocupación tan poco densa, a la que la cultura del automóvil particular contribuyó decisivamente (frente al uso del transporte público propio de ciudades europeas).
Pero es muy posible que esas explicaciones sean inexactas o insuficientes.
Las extensas periferias de las ciudades norteamericanas, convertidas en periferias sin centro, bien podría responder a un urbanismo que tenía como fin planificar barrios muy extensos, alejados del centro, de modo que, en caso de un ataque nuclear, tan temido durante la Guerra Fía en los años cincuenta, la o las bombas nucleares, lanzadas sobre los centros urbanos, no dañaran los barrios residenciales, o bien no los afectaran todos de modo tan dramático debido, precisamente, a su desmesurada extensión. Fue el miedo al invierno nuclear el que determinó la estructura y la imagen de la ciudad norteamericana, un motivo que se extendió por numerosos países, devastados por la Segunda Guerra Mundial y los procesos de descolonización de la posguerra, que recibieron ayuda financiera norteamericana y la difusión de modos de vida contrarios a los del modelo soviético, como, por ejemplo, muchas de las capitales -tal Bagdad- del Próximo Oriente.

Debo esta información al arquitecto y estudioso griego Lefteris Theodosis en su aun inédita tesis doctoral sobre el arquitecto griego Doxiadis y la aplicación del Plan Marshall en el Mediterráneo.

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