lunes, 2 de noviembre de 2026

¿Estudias o trabajas? ¿Vida activa o contemplativa? Los saberes de la universidad

 Los gremios y las universidades (a las que se sumaron las academias), entre los siglos XI y XVIII, en Europa, cumplieron funciones muy distintas, que se podrían agrupar bajo las denominaciones romanas de artes mecánicas y artes liberales.

Los gremios formaban técnicos -en cualquier arte manual, incluidas las bellas artes, si bien éstas, a partir del siglo XVI, inicialmente en Italia, trataron de, y finalmente consiguieron, desmarcarse del mundo gremial para acceder al mundo académico, considerado, desde la antigüedad, superior: del saber hacer al saber pensar, de la vida activa a la vida contemplativa, del obrar al reflexionar sobre el obrar-; las universidades, por su parte, formaban sabios o estudiosos, que reflexionaban sobre las causas del hacer, la razón del obrar. No se preguntaban sobre el cómo sino sobre el porqué y el para qué. Inquirían sobre la necesidad y las consecuencias del operar humano -comprándolo con el divino.

Tras el creciente crédito de las universidades y el consecuente descrédito de los gremios -una oposición bien simbolizada por autorretratos de pintores que mostraban que no pintaban, sino que pensaban o contemplaban, como Velázquez en el cuadro de las Meninas-, fue el emperador francés Napoleón I, quien puso fin al Antiguo Régimen de pensamiento, y creó las llamadas Grandes Escuelas, dedicadas a formar técnicos en la administración del imperio, distintas de las Universidades en las que se reflexionaba sobre el poder y el administrar, estudiando valores y fines.

La decisión napoleónica tuvo un inesperado precedente en la ciudad de Barcelona -y en el Principado o antiguo reino de Aragón. El cierre de la universidad de Barcelona y su traslado a la pequeña ciudad de Cervera, a principios del siglo XVIII, como consecuencia de la reorganización de la administración del reino y para desactivar posibles revueltas urbanas en una ciudad marcada por guerras civiles y la defensa de prerrogativas de origen medieval, frente al absolutismo y la naciente noción de Estado, fue aprovechado por la junta de comercio para fundar estudios técnicos y comerciales superiores, volcados a la creciente industria textil. La universidad , con sus estudios de derecho, filosofía, y teología quedaba como un centro casi obsoleto  dedicado al pensamiento, mientras que las nuevas facultades estaban dedicadas a formar a especialistas en el hacer y el operar, en la gestión de una comunidad, en favor de la industrialización y el naciente capitalismo: estudios muy especializados, frente a la amplitud de miras y la distancia con la que se abordan los problemas que toda acción acarrea, propias de la universidad.

En un mundo cada vez más especializado ¿cuál es la razón de ser y la finalidad de la universidad, sobre todo pública? ¿Debe formar a los técnicos requeridos por la sociedad, limitando por tanto el ingreso de los estudiantes, en función de las demandas de empleo, o debe permitir que cualquier estudiante interesado en estudiar un tema, en reflexionar sobre éste, pueda acceder, sin pensar en las necesidades laborales?

Si una universidad es un centro de saber y no un centro formativo, la universidad debe enseñar a pensar, no a obrar.

Esta discusión afecta especialmente los estudios que combinan la reflexión con el hacer, como los estudios de bellas artes, y arquitectura. Ciertas escuelas de arquitectura abordan la arquitectura entendida como el estudio de la razón del ser humano en el mundo, del lugar que ocupa, y de las consecuencias que dicho estar en el mundo acarrea. Otras, especialmente españolas, están orientadas a satisfacer necesidades y deseos, sin poder preguntarse por la pertinencia o bondad de dichos anhelos: enseñan a responder a peticiones, y no a pensar si se tiene que responder. Los resultados saltan a la vista. Algunas obras memorables, que hacen que la vida tenga sentido, frente a tantas otras obras que son un sinsentido. 

Quizá los últimos adelantos tecnológicos, si no sustituyen el hacer y el pensar humanos, nos obliguen a cavilar sobre lo que somos y lo que hacemos: una oportunidad para repensar nuestro lugar en el mundo, antes de que sea demasiado tarde.


A Joan Subirats, tras la lectura de su libro La universidad en el cambio de época. Dilemas presentes, escenarios de futuro. Valencia, 2026



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