jueves, 30 de julio de 2026

Lección

 Una lección es una clase: el nombre de la actividad docente que tiene lugar en un aula. 

Mas, en latín, lectio no es la impartición de una clase, sino que se refiere a una  acción en apariencia distinta y que, sin embargo, echa luz sobre las virtudes y las limitaciones de la docencia. Lectio es un sustantivo que denomina la acción de recolectar: es un recolecta. Recolligo, en efecto, se traduce por recoger y reunir. Una reunión de elementos: plantas o datos, semillas y palabras, con las que armar un texto, un discurso, una lección.

La palabra lectio está directamente relacionada con el verbo lego (legere), que deriva del griego λέγο (lego): recoger, pero también escoger y enumerar: contar, con cifras, y con palabras, contar historias. Un profesor es un cuentista. Narra lo que estudió, lo que aprendió, lo que recuerda y lo que ha construido o construye a medida que habla. La clase se edifica cuando piensa en voz alta.

Sin embargo, el verlo latino lego tiene otros significados relacionados con la recogida. Unos significados propios del vocabulario, si no de la arquitectura, sí del urbanismo, del ordenamiento del territorio. Lego se traduce también, amén de por recoger, por recorrer. 

Un recorrido es un desplazamiento a la búsqueda de lo que no se conoce. Ulises transita (lego), al igual que su hijo Telémaco que abandona la morada familiar en Itaca en busca de su padre. Porque, para Virgilio, un recorrido sigue las huellas de lo que ocurrió, que le llevarán al encuentro deseado, a la verdad. En una clase se recorre un tema, apoyándose en hechos, datos y reflexiones que apoyan y guían el tránsito. Una clase es un viaje en pos de lo que se ha perdido. Trata de recuperar lo que ayudará a la vida presente, ejemplos del pasado que le guiarán en el viaje a tientas. Nadie parte si sabe exactamente lo que le espera y lo que va a encontrar en cada caso, las direcciones correctas que deberá escoger en cada cruce. Un viaje, una clase, son un descubrimiento, para el docente y el oyente. Nadie puede predecir qué ocurrirá, qué saldrá de una lección.

La recolecta y el recorrido no estén exentos de peligros, como bien señala uno de los significados del verbo latino lego. Cuando se recoge y se amasa, se puede apropiarse de lo que debiera dejarse. Lego, en efecto, también es robar: datos, ideas, palabras que uno presenta como hallazgos propios, distorsionando así la historia y los caminos que los docentes y los estudiantes del futuro emprenderán. Caminos que olvidan señalar por dónde pasan, porque los saberes del pasado han sido sacados de contexto y atribuidos a quien no debiera.

Una lección se erige así como un viaje incierto, propio de Ulises -o del Pulgarcito- en busca de pistas que le saquen de dudas. El viaje aporta luz pero puede desviarse hacia la oscuridad, no conducir a nada. Por eso las buenas clases son una aventura exigente (del saber): no son predecibles, y deben atenderse hasta el final para saber si la meta se alcanza o si uno se pierde, pierde las huellas y se adentra en un territorio del que no podrá salir. Un viaje que docentes y estudiantes emprenden juntos para saber, sin saber si llegarán a buen puerto -sin que el profesor dé lecciones, un signo que el viaje no va bien-: donde nada está dado, todo está por hacer y todos, docentes y estudiantes, pueden y deben contribuir para que el viaje no fracase. Una lección mal dada es una maldición; un fracaso, que solo acarrea tristeza, la sensación de pérdida (de tiempo , ilusiones y vida). Un trago amargo que encoge el ánimo.

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