lunes, 31 de julio de 2023
WALTER GROPIUS (1883-1969): DAMMERSTOCK (KARLSRUHE, 1928)
domingo, 30 de julio de 2023
La imagen del poder (interiorismo)
Die Kunst im Dritten Reich es una revista alemana elegante y espeluznante que se publicó entre los años 1937 y 1944. Dirigida por el arquitecto autor del interiorismo de los despachos de Hitler en Múnich y en la Cancillería de Berlín -en este caso, un despacho provisional, a la espera de un despacho de novecientos metros cuadrados-, la revista, muy bien editada, promovía un arte de exaltación aria -imágenes de campesinos entregados a las labores del campo y jóvenes rubios en pantalón corte entregados a los designios del Führer-, y una arquitectura tan desmesurada como la inabarcable Cancillería de Berlín, en cuyo interior, al final de altísimos pasillos versallescos inacabables se ubicaban las estancias de trabajo de Hitler, destinadas a empequeñecer y acobardar el ánimo de las personas autorizadas a entrevistarse con el Führer. Un estilo neo-clásico, entre soviético, imperial y de otro Adolfo, el arquitecto Adolf Loos, forrado de mármoles , alfombras, tapicerías y cuero, pletórico de sillones como en una sala de espera en la que se achica el visitante, dominaba el interiorismo de las estancias del líder supremo, un entorno opresivo y siniestro, en el que la luz natural no entrada, de colores oscuros y techos desmedidos y que revela bien como la arquitectura y el diseño interior fue -y es- la máxima expresión del poder absoluto, una horrísona muestra de las intenciones del dueño. La visión de estos interiores que la revista publicaba ya anunciaba, en 1937, lo que iba a iniciarse dos años más tarde
Agradecimientos al arquitecto David Mesa, doctorando de la Cátedra de Historia de la Escuela de Arquitectura de Karlsruhe, y al catedrático de la misma el doctor Joaquín Medina, por la invitación, la autorización para fotografiar, a medianoche en un sótano, números de la revista de y en la biblioteca de la cátedra y de la colección personal de David Mesa, y el descubrimiento de una realidad que se debería divulgar en estos momentos para que nunca más se tuviera siquiera la tentación de echar la vista atrás.
Muchos despachos de autoridades actuales no se desmarcan demasiado, estilística y quizá teológicamente, de los que se ubicaban en la Cancillería alemana en los años cuarenta, perfectamente proyectadas y construidas para encoger los ánimos.
sábado, 29 de julio de 2023
Maestro artesano ( albañil, carpintero)
La formación de un artesano, en Alemania, exige tres años de estudio: uno de teoría y uno o dos más de prácticas en un centro profesional.
miércoles, 26 de julio de 2023
Pensar, pesar
Solemos oponer la materia y las ideas. La materia es densa, opaca y pesante. Las ideas, luminosas y aéreas, y se cazan al vuelo. La primera cuesta desplazarla; por el contrario, cambiemos fácilmente de “idea”.
Mas, pensar y pesar son acciones que poseen una misma etimología. Son, en verdad, acciones o decisiones semejantes, y que conllevan consecuencias parecidas. Un mal cálculo del peso de un edificio acarrea su hundimiento, que pone en peligro vidas humanas. Pensar “mal” causa un daño, a veces irreparable, a una persona o a una comunidad.
Pensar consiste en sopesar los pros y los contra, los argumentos a favor y en contra. Las afirmaciones y las negaciones se agrupan y se evalúan a continuación. Cada una tiene su propio peso que inclina la balanza a uno u otro lado. Del mismo modo, acabamos por inclinarlos hacia un determinado pensamiento.
Pensar requiere tener conciencia del peso de cada decisión. Los pensamientos, las decisiones pueden pesarnos durante mucho tiempo. La elección conlleva consecuencias. Nada ni nadie se libra. Ninguna se puede tomar a la ligera. Pero no podemos ser pesados, so pena de llevar a un error en la elección por cansancio. Pensar es una acción grave. La gravedad de las decisiones, en ocasiones, puede pesarnos en exceso, sin que podamos librarnos de la carga o responsabilidad (que cae sobre nosotros). Aquélla obliga a tomar partido (tal es el significado de la palabra responsable). No se puede bromear, ni decidir sin detenimiento. Los argumentos deben ser estudiados, palpados, medidos (la medición de la carga y el tamaño son consustanciales con un pensamiento, que exige tener ojo para calibrar, es decir ajustar la balanza, la importancia y la relevancia de lo que de usamos), a fin de tener en cuenta su coherencia. Los castigados por su falta de mesura, por su ceguera o ambición, en la Grecia antigua , estaban condenados, en el Hades, a acarrear pesos insoportables, para que fueran conscientes para siempre, cada día y noche, del daño cometido por un pensamiento, una decisión equivocada. Las consecuencias de un “mal” pensamiento pueden ser funestas. Puede pesarnos de por vida una elección errónea sin vuelta de hoja. Pensar obliga a negar las evidencias, a desechar las soluciones fáciles -cuyas consecuencias nos doblegarán de por vida-, a evitar precipitarnos, a no decir que sí de buenas a primeras, sino que exige tener claro la obligación a la que nos sometemos.
Se recomienda el maravilloso tratado primerizo, escrito para estudiantes, de Jacques Derrida, cuando era profesor de bachillerato (y por tanto, legible) : Penser, c’est dire non, recientemente publicado, sesenta años más tarde de su redacción, un texto que comenta, en cuatro lecciones, un dicho o aforismo del escritor y pensador (nunca mejor dicho) francés Alain.




























































