domingo, 11 de junio de 2023

Velázquez o ¿Velázquez? : La Santa Cena

 



Foto del cuadro enmarcado: Tocho, junio de 2023. Segunda imagen: pagínala web de la RABASF


Una visita a la colección permanente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF) en Madrid -lo que se puede comprobar consultando su página web- desvela un hecho curioso y no muy conocido: en medio de una sala dedicada a la pintura española barroca, una cartela, adherida al marco dorado, bien visible y legible, señala la presencia de “un” Velázquez -sin ningún signo de interrogación ni el añadido “Atribuido a “, “ Taller de“ o “Escuela de”, coletillas propias del lenguaje historiográfico con el que los estudiosos manifiestan prudencia ante las dudas sobre la autoría o autenticidad de las obras-, lo que obviamente no es ninguna sorpresa (Velázquez es un pintor barroco español), pero sí lo es cuando uno observa el cuadro: ¿Velázquez? Algún conservador descuidado ¿habrá confundido las cartelas -algo sin duda imposible, en una institución tan académica? El pasmo nace, no de la temática religiosa (La Santa Cena), que practicó, aunque en contadas excepciones -y sin gran acierto- Velázquez, sino por el estilo del cuadro, que no se puede comparar ni encuadrar con ninguna otra obra suya.  Un Velázquez muy poco conocido y nada “velazqueño”, casi una mala falsificación.

En verdad, sin embargo, se trata de un cuadro “auténtico”, aunque es y no es un cuadro de Velázquez. Lo pintó él, nadie pone en cuestión este hecho, pese al desconcierto que provoca su estilo y su composición, que en nada evoca la escuela sevillana ni la romana, pero se trata de una copia de pequeño tamaño de una composición descomunal del pintor italiano Tintoretto, cuya temática, técnica y composición poco tiene que ver con la de Velázquez. Esta copia, realizada con gran cuidado y respeto por el cuadro del pintor italiano, se llevó a cabo en Italia por encargo del rey Felipe IV. 

Realizar copias de obras no era insólito en una época en la que la originalidad, la singularidad a toda costa y a cualquier precio era inimaginable. La formación de todo artista pasaba por el estudio y la copia de obras de maestros, unos deberes, propios de la formación académica, que cayeron en desuso con las vanguardias pictóricas a partir de los años 50 del siglo pasado -aunque pintores como Dali siguieron ejercitándose a través de la copia, al igual que el último artista moderno aún formado en la academia, Picasso.

Lo que caracteriza la copia velazqueña del cuadro de Tintoretto es la absoluta sumisión de Velázquez ante la obra de un artista que admiraba, el ocultamiento del estilo velazqueño, su puesta en sordina, en favor del estilo manierista de Tintoretto. Nada permite intuir que dicha copia es obra de Velázquez, lo que no ocurre con las copias de cuadros de Tiziano a cargo de Rubens, en las que sí transparenta el estilo barroco del maestro flamenco. 

Sin embargo, Velázquez admiraba tanto el original cuando la copia, una copia que puede ser considerada un original pues está en el origen, precisamente, de todas sus obras posteriores, entre las que brilla Las Meninas, como bien recuerda la nota de la Real Academia, desdibujando así el criterio con el que se disciernen y se juzgan originales y copias, siendo las copias deudoras de obras anteriores de otros pintores y los originales obras de las que son deudoras obras posteriores de otros artistas o del mismo artista. La Santa Cena de -o “de”- Velázquez, es un ejemplo de la delgada línea que separa la dedicación de la inspiración, la atención a modelos y la búsqueda de la singularidad. No existe la innovación sin el recuerdo consciente de la historia. La revolución que introdujo Las Meninas en el complejo juego entre espacio ilusorio y especio real no se entiende sin las pictóricas perspectivas forzadas de Tintoretto que desembocan en el espacio del estudio o de la sala, que Velázquez supo tan bien apreciar y de las que aprendió para su obra magna. 


A MB










2 comentarios:

  1. Gracias, Pedro, no conocía este cuadro de Velázquez. Ahí se intuye "Las Meninas" y "Las Hilanderas". Copiar a los maestros es un ejercicio imprescindible en la educación del arte, siempre lo ha sido, ¿por qué no debería serlo hoy día?

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    1. Me llevé una sorpresa al visitar la Real Academia De San Fernando en Madrid. Estaba tan convencido que el cuadro era veneciano, del siglo XVI, que no me fijé en la cartela adherida al marco, pese a que anuncia, en letras mayúsculas, el nombre del autor: VELÁZQUEZ.
      La formación necesariamente pasa por el estudio de obras anteriores. Se aprende a escribir leyendo, y se forma el gusto observando (lo que creadores del pasado han realizado). La creación se alimenta de la creación. Sin modelos, sin ejemplos, no cabe la creación ejemplar. La velocidad y el consumo instantáneo actuales, que exigen textos de cien caracteres y filmaciones de diez segundos, parecen abortar esta necesaria educación. El resultado está a la vista. Creaciones olvidables, que consumen sin dejar rastro.

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