sábado, 7 de enero de 2023

MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942): LAS ABARCAS DESIERTAS, 1937




Por el cinco de enero,

cada enero ponía

mi calzado cabrero

a la ventana fría.


Y encontraban los días, que derriban las puertas, mis abarcas vacías, mis abarcas desiertas.


Nunca tuve zapatos,

ni trajes, ni palabras:

siempre tuve regatos, siempre penas y cabras.


Me vistió la pobreza,

me lamió el cuerpo el río, y del pie a la cabeza pasto fui del rocío.


Por el cinco de enero,

para el seis, yo quería

que fuera el mundo entero una juguetería.


Y al andar la alborada

removiendo las huertas,

mis abarcas sin nada, 

mis abarcas desiertas.


Ningún rey coronado

tuvo pie, tuvo gana

para ver el calzado

de mi pobre ventana.


Toda gente de trono,

toda gente de botas

se rió con encono

de mis abarcas rotas.


Rabié de llanto, hasta

cubrir de sal mi piel,

por un mundo de pasta

y unos hombres de miel.


Por el cinco de enero,

de la majada mía

mi calzado cabrero

a la escarcha salía.


Y hacia el seis, mis miradas

hallaban en sus puertas

mis abarcas heladas,

mis abarcas desiertas.


Miguel Hernández. Poema publicado en el semanario ¡Ayuda! Semanario de la Solidaridad, núm. 36, 2 de enero de 1937.


Agradecimientos a Pedro Martínez-Avial por el envío del poema.

Fotos y comunicación de las fotos de la ventana de la ciudad valenciana de Alboraya en la que está inscrito el poema (Miguel Hernández era valenciano): Helena Tatay, a quien agradezco este envío y la información que la acompaña.



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