viernes, 28 de agosto de 2026

SLIMAN MANSOUR ( سليمان منصور 1947-2026): LA CIUDAD SOÑADA (JERUSALÉN)




























¿Existió alguna vez la Jerusalén que el pintor palestino Sliman Mansour representó? Una ciudad densa tranquila, adormilada bajo la luz que declina, compuesta de casas cúbicas de una planta, más que de palacios, con patios, de los que emerge una palmera solitaria, que trata de abrirse camino hacia el sol, parras, escaleras de mano que llevan a los terrados  y cúpulas achatadas como el sol que se pone, entre las que zigzaguean como riachuelos callejuelas protegidas por la sombra de los aleros, una ciudad que existe y existió, es cierto, en los cuentos y las leyendas narradas al atardecer, y en los cuadros y los dibujos de Mansour. Cuadros en los que despuntan, alguna vez, barrotes como lanzas afiladas que cortan el paso.

La pintura de Mansour evoca una ciudad y unos modos de vida pausados -pero acechados-: un mar de cubos y cúpulas armoniosos, de figuras geométricas entrelazadas, dispuestas como en un juego de construcción, contra un frente de colinas lejanas -casi los únicos ecos naturales, aunque los cubos y las esferas componen un paisaje mineral que parece haber estado aquí desde siempre-, y de calles que se adivinan más que se reconocen, por el ritmo sincopado de muros que sin duda bordean los pasos.

Las calles están vacías. La vida se recoge en el interior de las casas. El espacio público no es un lugar donde estar, por el clima, el temor a la exposición pública y quiA a las algarabías. Una ciudad silenciosa, mecida por la luz, que solo existe en los sueños, ensombrecidos a veces por quienes sí patrullan por las calles: una nube de polvo se alza. No es una tormenta de arena que oscurece el cielo y difumina las formas bajo un manto pardo. Las formas han estallado causando la nube: un pueblo ha desaparecido bajo las bombas.













 

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