Julio: la corrección de los últimos exámenes y trabajos ha concluido, antes de las evaluaciones de las entregas que tendrán lugar de aquí a un mes, en septiembre, incluso en octubre.
Los mejores exámenes y trabajos reciben la calificación de. Sobresaliente siempre que la nota (sobre diez) sea 9 ó 10. La máxima calificación.
¿Máxima? ¿Acaso no es la Matrícula de Honor, que suele anotarse en los expedientes como MH?
Puede sorprender que exámenes y trabajos calificados con la nota 10 no reciban una Matrícula de Honor. Ocurre que esta calificación no es tal. La calificación más alta es Sobresaliente . La Matrícula de Honor, en cambio, es una gracia que se concede, una dispensa del pago de una asignatura el curso siguiente. Tal gracia se concede con cuenta gotas, toda vez que la ausencia de pago afecta la economía de las escuelas y las facultades. El estudiante obtiene una gratuidad, y lo que no abona es cubierto por las matrículas no de honor sino efectivas del resto de los estudiantes.
¿A qué viene el nombre de Matrícula de Honor?
Matrícula viene del latín Matrix, y esta, a su vez, de Mater: madre. Matrix sígnica seno, origen. Matrix es lo que da la vida. Un inicio, un borrón y cuenta nueva.
Las matrículas de honor deben registrarse: registrar la gratuidad concedida, la liberación de la sujeción a un pago: una nueva vida, sin la coacción del abono de la matrícula.
Matricularse significa registrarse. El registro, en este caso, se realiza con el apellido de la madre -estamos en un registro vital que permite respirar sin ahogos económicos-, al contrario que los registros en el padrón, con el apellido del padre. Empadronarse significa enraizarse, instalarse, asentarse; matricularse, en cambio, conlleva liberarse de un pago, lo que concede libertad de movimiento y poder iniciar una nueva vida, seguramente lejos de donde uno se ha empadronado. Frente a la rigidez, el estar atado a un lugar, la capacidad de desplazarse sin ataduras.
La matrícula concede un respiro. Éste es un alivio. Uno se saca un peso de encima. Puede aspirar a algo más, un puesto, un cargo más elevados. Puede tener ambiciones en la prosecución de un bien, de hacer bien las cosas. La matrícula permite crecer y desarrollarse sin el freno del pago de una matrícula. Facilita la vida, los estudios. Concede una segunda oportunidad. El estudiante renace. Ya no es una carga para la familia. Podrá moverse y extraerse de la raíz familiar, tendrá la libertad de decidir qué hacer, dónde instalarse -si piensa en instalarse (la instalación pone el freno a la exploración; se llega a término, que puede ser a buen puerto, pero sin posibilidad de reemprender el viaje. Éste ha concluido).. La matrícula de honor es un soplo, permite respirar, concede aire para seguir estudiando.
Es por eso, que la limitación que la ley establece para la concesión de una matrícula de honor es injusta, pues la denegación de tal honor impide un cambio de aires, que concede un renovado deseo en el estudio. El enraizamiento, la falta de movimiento, las limitaciones para seguir avanzando amenazan entonces. La explotación de la vida llega a su fin. Ya solo cabe la repetición mortecina.
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