domingo, 29 de marzo de 2026

Mezquita de Al-Azhar (s. X, El Cairo)










 

Fotos y filmaciones: Tocho, marzo de 2026

La mezquita fatimi de al-Azhar, construida poco después de la conquista árabe de Egipto, a mediados del siglo X, es la más conocida de las mezquitas medievales de El Cairo. Sin embargo, las transformaciones, ampliaciones y restauraciones, ya en época medieval, han desdibujado el proyecto original, pero también han enriquecido su función inicial.
Hoy presenta un muro perimetral que separa la mezquita de las calles circundantes -el acceso, bien es cierto, es libre, desde una plazoleta en la que bulle la vida del barrio y la llegada de turistas-, el patio rectangular -que sigue siendo, ciertamente, el centro y el corazón de la mezquita, su razón de ser- está rodeado de un pórtico abierto al patio, pero cerrado a las salas que lo rodean, y las dos estancias de oraciones constituyen espacios cerrados -aunque accesibles a todos, varones en una, mujeres en otra. 
Una de las modificaciones y ampliaciones, en el siglo XII, convirtió la mezquita en un centro de estudio superior muy anterior a los europeos, y no solo religioso -se enseñaban leyes, gramática, historia, literatura, química, astronomía, un programa de saberes inspirado en las artes liberales, la educación superior de Roma, Persia y la India-, lo que conllevó la partición del conjunto y la agregación de estancias, necesariamente cerradas. De mezquita a una “universidad “ o, utilizando la expresión medieval occidental, un estudio general, sin que este cambio funcional impidiera que la mezquita atendiera a las prescripciones religiosas. Esta función educativa superior no ha desaparecido pero ya no se atiende en la mezquita, aunque la estructura original no puede recuperarse, ni posiblemente se deba. 
Tras cruzar el umbral, y acceder al patio, se entiende de inmediato el nombre con el que se la conoce desde siempre: al-azhar: la brillante, o la deslumbrante. Los ojos, hechos a los tonos pardos y terrosos de las casas circundantes y a la bienvenida penumbra de la red de callejuelas sin asfaltar ni empedradas que descienden de la ciudadela como secos torrentes que la atenazan, quedan momentáneamente ciegos por la blancura de los mármoles pulidos originarios que recubren el suelo y los muros del patio; un verdadero patio de luz, una luz deslumbrante simbólica, no solo por las connotaciones religiosas, sino también o sobre todo educativas: el conjunto quiso echar luz sobre las sombras de la ignorancia y la credulidad. 

Las imágenes aquí ofrecidas tan solo son el testimonio de la vitalidad de la mezquita, de su función social, un centro de encuentro, también de las distintas interpretaciones del islam, y no de aislamiento meditativo. 

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