sábado, 17 de octubre de 2026

El ultimo testimonio


Foto: Tocho, Iraq, octubre de 2026


Un arquitecto y profesor de arquitectura comentaba anteayer que tenía a sus pies uno de los objetos modestos sin duda más fotografiados del día en la región, si no en el mundo: un ladrillo, un simple ladrillo de terracota que se acababa de extraer de la presión de la arcilla que lo envolvía, arcilla que resultaba de ladrillos de adobe, no cocidos, que habían vuelto a su origen, la tierra, y eran ya indistinguibles de la tierra que no había sido nunca moldeada. El ladrillo de terracota, en cambio, resistía a su desaparición y sobresalía, solitario.

A medida que se desenterraba se iba fotografiando una y otra vez, desde todos los ángulos y atendiendo a lo que los cambios de la luz -una nube en neblina a la luz y, paradójicamente, dejaba que ciertas marcas, oscurecidas a plena luz, cegadas, emergieran. Al mismo tiempo, se dibujaba, se medía, se escaneaba, se componía una filmación en tres dimensiones, y ya se buscaban explicaciones a su insólita presencia en medio de un páramo de polvo.

Un testimonio complejo: un superviviente que había escapado a la destrucción. No debía ser el único ladrillo de terracota. Pero sus congéneres habrían desaparecido, quizá reutilizados en las construcciones de varios pueblos cercanos. ¿A qué se debía su contradictoria supervivencia?  ¿A su insignificancia -frente a la importancia de otros materiales o componentes constructivos? ¿A su perfecta ejecución que le había permitido enfrentarse y sobreponerse a la destrucción del tiempo? 

¿Qué lugar ocupaba, qué función cumplía, a qué edificio o a qué intervención humana -una rampa, una terraza, un pozo- correspondía? 

Un ladrillo mudo, sin duda, que había que lograr que hablara: que fuera capaz, como el genio de la botella, de evocar una obra perdida. 

La arqueología reconstruye vidas a partir de testimonios a veces ínfimos: un hueso, una piedra tallada mutilada, una sombra apenas distinguible en un bloque de arcilla, la esquina desdibujada de un ladrillo. Trata de suplir lo que falta -que es casi todo- a la escucha de las voces que emanan de estas señales que raramente encajan  pero que bien podrían haber estado unidas en un tiempo pretérito.

Un arqueólogo es un poderoso narrador que compone un mundo a partir de palabras sueltas cuyo significado exacto no siempre se alcanza. La fuerza de la arqueología reside en su poder de sugestión: su capacidad de desvelar mundos como si estos aún existieran, como si hubieran existido algún día. Un ejemplo fascinante de inventiva que ningún otro intérprete alcanza.


A OP, por este breve comentario.
 

2 comentarios:

  1. Un arqueólogo se debate entre enigmas y una infinidad de preguntas. Siempre me he dicho si lo que nos cuentan de las formas de vida y de construcción de épocas tan pretéritas es lo que fue realmente o una aproximación, condicionados como estamos por el conocimiento y sobre todo por las visiones del presente. Mi aprecio por la labor de arqueólogos, paleoantropólogos y otras especialidades es incondicional. No se trata tanto de hallar restos múltiples de lo que hicieron nuestros ancestros sino sobre todo de encontrar interpretaciones. Y eso es francamente complicado y una labor de seguimiento y de relacionar elementos continua y ardua. El ladrillo, en ese sentido, es un emblema básico y casi sagrado del significado de la construcción y por ende de la ciudad, ese gran invento de la humanidad.

    Por cierto hace poco he leído un libro fascinante: "La escritura de los dioses. Descifrando la piedra de Rosetta", de Edward Dolnick, en Siruela.

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    1. Muchas gracias por la recomendación.
      Si, lo importante no es tanto lo que encuentras sino la interpretación que ofreces o que el hallazgo suscita. Y la interpretación no es para siempre. De hecho, durante la misión, las interpretaciones pueden variar cada día, incluso varias veces al día, en un juego, serio como todo juego, de acierto y error. Se prueba una lectura y lo que al momento lo que se intenta no de confirmarla, sino de comprobar su solidez contrastando una interpretación con otras. Es un ejercicio que parece no tener fin. Un atento saludo

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