Fotos: Tocho, ETSAB, Barcelona, septiembre de 2026
La Capitalidad Mundial de la Arquitectura es un pomposo título que la ciudad de Barcelona, en competencia con Beijing (Pekín) obtuvo para todo el año 2026.
Bajo dicho epígrafe se agrupan una serie de actividades, desde algunas exposiciones extensas y con presupuesto, hasta modestas muestras, mucho más interesantes y novedosas.
La mejor, sin duda, obra de estudiantes de arquitectura, bajo la dirección de la profesora del departamento de teoría de la escuela técnica superior de arquitectura de Barcelona, Carmen Rodríguez : una pequeña exposición, a base de fotocopias y documentos expuestos un un único panel y vitrinas bajas, en la biblioteca de la escuela. La ausencia de medios no lastra la agudeza de la propuesta.
Una exposición muy bien documentada, sobre un tema fascinante, que dibuja la imagen de una ciudad delirante, que se ha librado o ha perdido unos proyectos que no llegaron a buen puerto: la historia de una ciudad imaginaria poblada, desde mediados del siglo XIX, de proyectos rechazados o que, por razones políticas, económicas o compositivas (un proyecto de ayuntamiento mediocre, felizmente olvidado), no se materializaron. Una ciudad mediterránea que se habría dotado de pistas de esquí, mucho antes que Arabia Saudí, de islas artificiales, que hubieren empequeñecido las islas en forma de palmera u otras curiosidades en los Emiratos, componiendo, ante el frente marítimo, el nombre de la ciudad, de rascacielos en forma de zigurats, de una ciudad suspendida sobre la ciudad existente, de rascacielos dignos de un cómic de colores ácidos, de los años setenta, y de barrios cruzados por vías rápidas a distintos niveles por los que zigzaguearían avionetas. Una ciudad lanzada de lleno y a ciegas, abrazando los signos de la modernidad, desde el arrasamiento urbano de Le Corbusier, hasta aeropuertos en los inicios de la aviación comercial.
Una muestra sobre sueños y pesadillas, proyectos de los que Barcelona se libró y proyectos que hubieran mejorado la vida, proyectos rechazados, desfigurados o pese a ser insensatos, delirantes, se construyeron, convirtiendo partes de Barcelona en una ciudad irreal.
Una muestra brillante y aleccionadora. Necesaria y buen aviso sobre lo que pudo ser para bien. O, casi siempre, para…















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