Las autoridades lo enuncian, los anuncios invaden la ciudad. Las farolas, ahora que las hojas caen, se cubren de banderolas: el 1 de octubre, fecha otoñal, será el día de “les persones grans “ -en castellano, las personas mayores, en el otoño….
La expresión no se refiere a gigantes, sin duda.
¿Por qué una expresión cuando existen una o varias palabras precisas? ¿Por qué un eufemismo cuando la palabra precisa no designa nada ni nadie vergonzosos, ni es un insulto -aunque pueda ser utilizada como un insulto?
Una “persona gran” implica que existen “persones petites” y, antes que nada, “persones” sin calificativos, enteras, normales (exprese lo que exprese este adjetivo), que no necesitan precisiones para existir. Una “persona gran” o “petita” no en verdaderamente una persona. Ya no lo es o aún no lo es. Es subnormal.
Los eufemismos, la pudibundez, revelan bien nuestra mirada. Dicen lo que no nos atrevemos a decir. Son condescendientes. Las “persones grans” o “petites” no son personas -sino que necesitan ser adjetivadas para ser clasificadas y apartadas, agrupadas, como una especie aparte, no enteramente humana-, pero hago ver que lo son, aunque el calificativo o adjetivo que las califica las coloca en un plano distinto, inferior o superior : es decir, en los de los enseres o seres apartados, que ya no forman parte, o aún no lo hacen, de la vida “activa”.
El castellano es igualmente revelador. Los mayores y los menores no son normales. A una persona “de verdad” no se la califica o determina. Aquéllos, por el contrario, están afectados por una característica que los infravalora.
Niño, adulto, anciano no expresan ningún miramiento. Enuncian lo que es, lo que son. Personas en tres etapas de la vida. Obviamente distintas. Las diferencias se asumen; no se hace como si no existieran, como si quisiéramos magnificar para disimular lo que realmente pensamos.
No existe el “día de la persona”; sí el de la “persona gran”: una persona exótica, que no llega o ha dejado de ser una persona. ¿Acaso un mueble, un ser de compañía?

Siempre me hizo gracia el término catalán 'grans' para referirse a los ancianos, viejos o mayores mayores. Lo grande grande debe ser la vida, y parece que resulta una ironía -de la vida, no solo de la historia- y una paradoja que a los que vamos mermando se nos nombre como grans. ¿O será por aquello de que lo grande es el bagaje acumulado, la experiencia vivida, las mercedes recibidas o los infortunios padecidos?
ResponderEliminarGrande es el número de años, me parece. Es decir, más de sesenta. Y, por tanto, todo lo que acarrea o se asocia a una edad “avanzada”: sabiduría, posiblemente, y andar titubeante, por el peso de los años que hace que parezca que uno ande con zancos, como escribió Proust
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