Por fin la obra maestra del director de cine italiano Roberto Rossellini, realizada para la televisión, se encuentra legalmente en internet, tras su restauración.
Se considera que se trata de de mejor película "de ficción documental", que recrea un hecho histórico, el ascenso del monarca europeo más poderoso hasta Napoleón I, que marecará para siempre la organizaciuón -y la división- europea, influyendo decisivamente en la cultura, la política, la religión y los equilibrios y desequilibrios de poder.
Nunca el reino de Francia fue mas poderoso -y más pobre.
Luis XIV fue un consumado bailarín, real y metafóricamente; un gran hombre de teatro, que dejó el palacio de Versalles -que ordenó construir, cuyos planos estudiaba y cuyas obras supervisaba-, el apoyo a las letras, y la suspensión de edicto de Nantes que regulaba pacíficamente la relación entre católicos y protestantes, tras las matanzas de protestantes un siglo antes.
Fue también el primer monarca absoluto europeo, minusvalorando el poder del primer ministro; el primer rey -se llamaba elk Rey Sol, y se equiparaba al dios Apolo, inspirador de las artes, de la arquitectura, en particular, un dios luminoso, pero también despiadado, sombrío- que se dedicó a la política, decidiendo sobre los ascensos y las bajadas a los infiernos de sus acólitos y sus rivales, siempre a merced de sus decisiones y caprichos, y no solo a las fiestas, creando una corte a su servicio, temerosa, complaciente y untuosa -absorbida por la moda, astutamente lanzada por el rey-, un modelo de comportamiento político que autócratas y presidentes, ayer y hoy mismo, han seguido y siguen.
La grandeza de la película reside en el texto, directo, que cuenta sin florituras la vida política en la corte, y que el tono con el que se pronuncian cortas y secas frases, matiza o acentúa el poder de las palabras. Cuenta más, en verdad, lo que no se dice.
Pero no es una obra de teatro filmada. Varias estancias - la cámara real, la cámara del primer ministro, las estancias de la reina madre…- constituyen núcleos donde se desarrolla la historia y que la organizan. Estancias siempre atestadas de guardias, nobles y servidumbre, a las que tan solo el rey tiene el poder de acceder. Ante él las puertas se abren, y se cierran tras su paso. El rey está permanentemente en marcha, de estancia en estancia, dictando sus voluntades ante las que la corte y los ministros, como autómatas, solo pueden inclinarse.
La película narra los primeros años del reinado de Luis XIV. Mas, este hecho, lejos de parecernos de otra época, lejana e incomprensible, deviene extrañamente cercano: dibuja con precisión los inicios del capitalismo y el sometimiento del poder al capital, todo u las pelucas y las reverencias. O quizá debido a éstas.
Versión original francesa con subtítulos en inglés en:
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