Estudiamos, impartimos clase en un aula. Ésta se define como un espacio cerrado y cubierto, dedicado a una función preferentemente académica o docente. El aulario es el conjunto de aulas. Compone un bloque cerrado, que se opone al patio, necesariamente abierto. El estudio frente al recreo, la concentración ante la dispersión, el silencio opuesto al bullicio. Dos mundos, de tensión y de distensión, enfrentados, pero que se necesitan aunque -puesto que- se enfrentan. Se complementan. Cojeen el uno sin el otro; pierden sentido y utilidad.
Se ha comentado a menudo la función que cumplía el claustro en los monasterios: un patio de ciertas dimensiones, a cielo -nunca mejor dicho- abierto, rodeado por un pórtico abovedado, en cuyo centro en ocasiones se halla una fuente, una evocación del paraíso donde la vida surgió.
Los monjes deambulaban solos y en silencio. La mirada gacha, meditaban al ritmo de los pasos. Daban vueltas y vueltas por el claustro, tratando de solventar un problema cuya resolución les obligaba a girar una y otra vez alrededor del tema. No se trataba de un motivo que diera pie a una sola, unívoca solución inmediata, sino que los circunloquios eran necesarios para abordar las múltiples ramificaciones del tema planteado. El caminar imitaba los avances de la mente. Cuerpo y espíritu actuaban coordinados.
Un eco de esta conexión entre la conversación con uno mismo o el trato con un problema y el deambular, acontece diariamente cuando hablamos largamente a través del teléfono móvil. ¿Alguien es capaz de razonar, argumentar y debatir o discutir sin dar pasos adelante y hacia atrás, volviendo una y otra vez sobre los pasos como un animal enjaulado?
Recuerdo la impartición de una clase en directo a través de Internet cuando la pandemia. La clase se filmaba y se retransmitía desde el claustro de un monasterio. Nunca anduve tanto. Ninguna clase “salió” mejor. Libre de encerrona.
La insólita falta de armonía entre un aula y un claustro considerado como el lugar más apto para pensar y repensar, considerar desde todos los ángulos un problema, y ordenar las distintas soluciones, desaparece cuando sabemos que aula viene del latín y éste del griego. En latín, aula designa un espacio abierto: un patio, y aulé, en griego, se refiere a un patio abierto ante una morada, bordeado también por dormitorios, establos, graneros, y el cercado del conjunto. Hoy que la lectura de Homero ha vuelto a la palestra, podemos descubrir en los textos homéricos que las puertas de acceso a las estancias de los varones y a las de las mujeres se abrían desde el aulé. Éste actuaba como un distribuidor, al mismo tiempo que conjuntaba vivienda humana, animal, despensas y graneros. Actuaba de pulmón, de centro, desde el que se organizaba la vida de la hacienda: un lugar donde organizarse para que la vida se desarrollara sin sobresaltos. La presencia de un altar en el centro del aulé contribuía a unir a los mortales con los mortales, siendo así el patio una imagen de un universo ordenado, libre de enfrentamientos: un paraíso -donde formarse.
Hoy, siempre cubrimos los patios para convertirlos en estancias, perdiendo este espacio intermedio que permite un tiempo de reflexión y de meditación y nos prepara para combatir el infortunio y aceptar sin vanagloria la fortuna incierta.
Hace cuarenta y dos años, Europa y los Estados Unidos se maravillaban con una premiada película de título confuso: París, Texas , del cineasta alemán Win Wenders. Los dos nombres propios del título estaban separados por una coma. Parecía que la película contaría una historia en dos escenarios distintos. No era así. El París de la película se hallaba en el estado de Texas y ni siquiera era una ciudad, sino un solar desértico.
Es difícil que el escritor y fotógrafo francés no tuviera en mente esta película cuando viajó a los Estados Unidos para fotografiar otros Parises norteamericanos: ciudades, o más bien pueblos -apenas unas pocas casas aisladas de madera, de planta baja, sin cercado, cercanas a una gasolinera, una iglesia y una tienda donde se podía comprar de todo y nada. Y, así, Levé retrató a pueblos llamados Paris, Versailles, Florencia, Berlín, Estocolmo, Río de Janeiro, Lima, Bagdad, Jericó, o Calcutta, entre otros. Pequeñas aglomeraciones que parecían haber sido erróneamente llamadas, como si alguien hubiera barajado mal las cartas y las hubiera asignado a quien no hubiera debido, pero que constituyen el corazón de Norteamérica, formado por asentamientos que no son lo que parecen, y que remiten, absurda y entrañablemente a ciudades y megapolis que nada tienen que ver con la imagen que su nombre suscita, o suscitaba, ya que hoy, bajo el nombre de Paris se recoge y se recuerda la llamada ciudad de la luz, sin que haya caído en el olvido un terreno yermo en el centro de un estado sureño norteamericano.
Quizá ocurra lo mismo con los nombres antes evocados.
La importancia del nombre para exaltar o rebajar a un emplazamiento.
Cortometraje de animación, candidato a los premios Oscar el año pasado, del conocido director ruso de películas de dibujos animados Bronzit, varias veces candidato a dicho premio, que se presentó bajo un seudónimo, al parecer no por motivos políticos, sino para evitar que un cortometraje de temática y técnica tradicionales fuera aceptado solo porque era la obra de un director reconocido.
Dicho cortometraje sufrió varios rechazos en festivales ya que se presentaba bajo una autoría desconocida.
Que la pequeña construcción autosuficiente metálica, dotada de placas solares y un depósito de agua, que el arquitecto Renzo Piano ha realizado, semejante a un baúl, se titule Diógenes, puede o no sorprender.
Dicha casa, de seis metros cuadrados, es tan reducida como una vasija -que no un tonel- donde se contaba que vivía frugalmente el filósofo cínico griego Diógenes (s. IV aC), admirador de Sócrates, aunque se burlase de Platón por sus sermones.
La cabaña se puede desplazar. No pertenece a ningún sitio, lo que cada bien con la afirmación del filósofo que se presentaba como un ciudadano del mundo, un cosmopolita.
No se guardan textos de Diógenes, tan solo dichos lapidarios, ciertos o no.
Pero entre sus obras destaca la República, un texto que se conoce solo por referencias de autores posteriores. En este texto -que replica al tratado del mismo título, de Platón-, Diógenes, al parecer, describía una República compuesta solo por sabios, despojados de cualquier posesión, que vivían frugalmente, y prescindían de convenciones sociales y morales -no se oponían al incesto ni a la antropofagia, al menos, teóricamente: toda carne siendo receptáculo de dioses-, de bienes, de armas, y defendían la igualdad entre hombres y mujeres, así como las relaciones no santificadas por el matrimonio, fueren las que fueran. Los rituales les parecían inútiles, entre éstos los funerarios. Los difuntos no padecerían dolores si sus cuerpos se abandonaban a la intemperie. Defendían en cambio la educación de los niños, y Diógenes mismo fue un gran preceptor.
Este perfil, que rechaza riquezas y convenciones, quizá no case plenamente con esta pequeña construcción modélica, ubicada ciertamente en un amplio jardín, en el centro de una arboleda, situada en el campus de la empresa de diseño de lujo Vitra.
Quizá el título de la cabaña sea una lúcida muestra de cinismo, un buen homenaje a Diógenes, aunque los árboles le tapen el sol.
Mítica ciudad que la artista china Cao Fei construyó a partir del modelo del juego de ordenador Second Life, en el que avatares que los jugadores se creaban vivían vidas que en la vida real no tenían.
Esta ciudad imaginaria, compuesta a partir de elementos existentes en las nuevas ciudades chinas, es una colorística pesadilla, o cómo ofrecer una mirada crítica del urbanismo moderno que las autoridades no detectan.
(Rabelais: La vida inestimable del gigante Gargantua)
Standing on the Shoulders of Giants es
una propuesta, basada en una frase, una noción ya conocida en Roma, enunciada
en la Edad Media y dada a conocer por Newton refiriéndose a su relación con Descartes,
que le precedía.
Según esta visión
de la relación entre culturas y generaciones, las lecciones del pasado, positivas
o no, son siempre útiles y necesarias, pues nos permiten abordar, con la
experiencia transmitida por quienes vivieron situaciones parecidas y trataron,
con éxito o no, de enfrentarse a los problemas, sin enfrentarse entre sí, soluciones
a los retos del futuro, hayan sido los obstáculos, las crisis, las desavenencias
con el mundo, naturales o levantadas por nuestra mano o nuestro empecinamiento.
La propuesta no valora la bondad de las soluciones del pasado, sino la bondad
de las actitudes, decididas a intentar hallar y probar remedios que calmen los
males que afectan a las comunidades, sus relaciones internas y con el mundo,
conscientes que tienen que legar un mundo y un imaginario asumible por las
generaciones futuras a fin que puedan seguir viviendo, produciendo y
disfrutando del complejo mundo de las ilusiones que recibimos y nos forjamos.
Al contrario que
algunas culturas, antiguas o no, que trataron que solventar graves problemas de
convivencia interna, y con el mundo terrenal y sobrenatural, mediante la huida
o la guerra, apoderándose de los bienes de otras culturas a las que se sometía
o se destruía -ejemplos recientes incluso pueden hallarse-, podemos hallar, en todo el mundo ejemplos de
culturas o civilizaciones que tuvieran conciencia que el fin estaba próximo,
tras las grietas entre las comunidades y el mundo -fueran los que fueran los
causantes, y que buscaron, en una actitud serena, meditada, y nada entregada a
la desesperación o la huida hacia adelante, soluciones que pudieran, siquiera
tan solo mitigar, los daños intuidos como inevitables y próximos. El lento
colapso, logradamente postergado durante al menos dos siglos, del mundo Maya,
es el ejemplo más conocido, estudiado y citado. No es el único, empero. El
imperio Maya se enfrentaba a un cambio climático natural, pero también a los
problemas del cultivo del maíz -que requiere la existencia de agua abundante
que vino a faltar-, un monocultivo marcado ideológicamente, puesto que los
seres humanos fueron creados por los gemelos divinos, hijos del dios del maíz,
que se sacrificaba y ofrecía su carne amarillenta para el modelado de los
humanos. Los Mayas resistieron la tentación de conquistas ajenas, asumieron el
reto y buscaron soluciones -relativamente exitosas durante dos siglos- que
permitieran la supervivencia -sin dañar a otras culturas. Ejemplos parecidos, culturas
antiguas en África, Sud y Norteamérica, el próximo Oriente, Extremo
oriente,Oceanía e incluso en el Polo
Norte nos lo proporcionan y nos ilustran sobre los valores, las categorías
perseguidos o alcanzados por acciones que buscaron el bien en detrimento del
beneficio, sobre las cualidades de los gestos cuidadosos, cuyos fines residían
en su necesidad imperativa sin aguardar nada a cambio, salvo una sensación de
haber obrado bien, y de haber brindado el bien a las comunidades.
¿Gestos ideales,
idealistas, ensoñaciones, ilusiones? Estar a buenas con uno mismo, sabiendo que
se obra bien porque se tiene que obrar de este modo, sin esperar nada a cambio,
salvo la conciencia que se ha obrado como se espera que otros obraran, a fin de
preservar la historia, los recuerdos y los valores, es, nos parece, una manera
de enfrentarse al abandono, el desengaño o el cinismo.
Este tema, que
centra el congreso propiamente académico (conferencias, ponencias,
comunicaciones, diálogos, seminarios y talleres, así como los concursos y las
actividades propuestas a los estudiantes), en verdad, es un motivo que
interpretan las actividades propuestas, como si un tema musical se tratara, una
frase de la que se ofrecen múltiples variaciones a través de las acciones emprendidas.
El mundo otro,
anhelado, que nos ofrece una imagen a la vez crítica de nuestro mundo, nuestras
actitudes, gestos y creencias, y una imagen de lo que podría ser y en la que
nos podríamos proyectar, es el mundo del teatro, un espacio acotado, ritualizado,
en el que los gestos y las palabras cuentan, tienen peso y consecuencias, donde
cada movimiento, cada soplo es un soplo de aire fresco que expone y disuelve
miedos y recelos que nos embargan en el mundo situado de este lado de la cuarta
pared.
Éste es el mundo,
los espacios que escogemos como lugares para las actividades académicas. Un
espacio donde mirarse para descubrirnos y descubrir qué hacemos, en qué nos
equivocamos, y qué actitudes y gestos deberían ser cultivados.
Todo mundo que se
agota requiere una vuelta a los inicios, desde donde volver a existir,
conscientes del imperio del tiempo. Los inicios, en espacios incontaminados por
el tiempo, ubicados en un tiempo antes del tiempo, donde morar y reflexionar
sobre lo qué hacer. Es el espacio de la Edad de oro greco-latino, del Paradeisos persa, del Edén bíblico, Las
aguas primordiales del Próximo Oriente, el Qi en China, el lugar de las ceibas
en el mundo maya, la isla de la flor de loto, en Egipto. Y estos lugares
primigenios, aun no afectados por la acción humana, solían ser espacios
acotados, jardines o vergeles, lugares que se degradaban pero que se trataba,
con éxito, de restaurar para la vuelta a unos inicios tras la decadencia final.
Las fiestas son
rituales para recuperarse, recuperar valores y la confianza en el mundo. Los
jardines son estos lugares propicios.
Las fiestas tendrán
lugar en jardines y en bosques -donde moran faunos, sátiros y el dios Pan, el
dios de los inicios que resume en su figura a todos los dioses.
Frente a la
naturaleza inmaculada, los humanos conocemos a una construcción soñada, casi
inalcanzable, a cuyas puertas solo se llega a través de un largo viaje exterior
e interior, un ejercicio de interiorización, un viaje por nosotros,
enfrentándonos, con éxito a nuestros miedos, nuestras limitaciones, nuestros
prejuicios. Este viaje ensimismado nos lleva ante el Castillo Interior, una
proyección de los castillos celestiales por la que las almas transitan, y en los
que se reposan, en su vuelo hacia el origen de la Luz. Los castillos son, al
igual que los jardines, espacios ideales, que actúan como modelos de nuestras
construcciones, de nuestra manera de edificarnos.
¿Qué lugar, si
lugar existe fuera de nuestra imaginación, en Barcelona existe que acoja la
aparente triada imposible de teatros (y museos donde manifestar, exponer y
exteriorizar nuestra visión crítica del mundo, de nuestras acciones, de
nosotros mismos y nuestro claro y oscuro mundo interior que tanto resuena en
nuestra relación intersubjetiva y con el mundo), jardines y castillos elevados?
La respuesta es casi demasiado obvia: la montaña de Montjuic, el lugar dónde se
asentaron, en el Neolítico o en la Edad de Bronce, los primeros habitantes de
lo que, milenios más tarde, sería un primer asentamiento púnico o romano.
Todas las
actividades, académicas, festivas o ritualísticas y expositivas, tendrán lugar
en esta singular acrópolis o montaña mágica, de fácil acceso, precedida por
pórticos de acceso desde diversos puntos, y ubicada, cada vez más, debido a la
extensión e la ciudad baja o profana, en el centro de la urbe. Una montaña lentamente
aceptada por la ciudad como un espacio ideal de reflexión, diversión y
encuentro, que se propone como un espacio casi soñado para una serie de
actividades que permitirán reflexionar sobre nuestro lugar actual en el mundo y
las consecuencias de nuestras acciones, los valores que las caracterizan, y las
nuevas actitudes, tras la reflexión, la travesía de cuarenta días por el
desierto, y la recuperación de valores en desuso en tiempos aún cercanos, que
deberían regir nuestro habitar en el mundo.
PRÓLOGO
Los niños son pequeños, sobre todo cuando son unos
pequeños. O eso nos parece, al menos. Pero los niños pequeños son gigantes. El
mundo en el que reinan está poblado de seres diminutos con los que juegan y,
cuando se cansan, abandonan o dejan caer con indiferencia, aunque se rompan:
soldados de plomo, muñecos, peluches, coches y trenes miniatura, casas de muñeca.
Los niños pequeños se sienten los reyes del mundo. Así les llaman, con cariño o
temor, sus padres. Un mundo del que los adultos estamos excluidos.
Porque, en verdad, nosotros somos los pequeños. A
medida que crecemos, paradójicamente, empequeñecemos. Las casas crecen,
devienen bloques amenazantes, rascacielos les llamamos incluso, un poco
presuntuosamente, levantando la mirada al cielo sin poder otear la cumbre, los
muñecos se convierten en altivas estatuas de bronce que nos desdeñan, mirando a
lo lejos, sin ni siquiera fijarse en nosotros por el rabillo del ojo, erguidas
en lo alto de peanas cuyo techo no podemos siquiera rozar con los dedos, y las
calles se ensanchan tanto que debemos correr, si podemos, para tratar de
cruzarlas a tiempo. Los problemas crecen, las preocupaciones se vuelven muros
insuperables, y nos vamos reduciendo inexorablemente hasta que un día
desaparecemos, y los demás ya no pueden vernos nunca más.
Los gigantes son niños pequeños porque el mundo está a
sus pies, presto a jugar con ellos. Quién pudiera volver a ser un gigante.
Eso es lo que congreso nos permitirá; durante cinco días,
creer que esto es posible, suspender el tiempo y volver a soñar, pensando que
podremos afrontar el mundo con la despreocupación de un niño, un niño grande.
PRESENTACIÓN
“De pronto se frotó los ojos, atónito, y miró con atención.
Realmente era una visión
maravillosa. En un extremo del jardín había un árbol casi cubierto de flores
blancas. Sus ramas eran todas de oro y colgaban
de ellas frutos de plata; bajo el árbol aquél estaba el pequeñuelo a quien
quería tanto.
El gigante se precipitó por las
escaleras lleno de alegría y entró en el jardín. Corrió por el césped y se
acercó al niño. Y cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de cólera y
exclamó:
-¿Quién se ha atrevido a herirte?
En las palmas de la mano del niño y
en sus piececitos veíanse las señales sangrientas de dos clavos.
-¿Quién se ha atrevido a herirte?
-gritó el gigante- Dímelo. Iré a coger mi espada y le mataré.
-No -respondió el niño-, éstas son
las heridas del Amor.
-¿Y quién es ése? -dijo el gigante.
Un temor respetuoso le invadió,
haciéndole caer de rodillas ante el pequeñuelo.
Y el niño sonrió al gigante y le
dijo:
-Me dejaste jugar una vez en tu
jardín. Hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso.
Y cuando llegaron los niños aquella
tarde encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el árbol, todo cubierto de
flores blancas.” (Oscar Wilde: El gigante
egoísta)
(Charles Baudelaire: “La giganta”, Las flores del mal, XIX)
“Si me diese siquiera el tiempo suficiente para realizar mi obra,
lo primero que haría sería describir en ella a los hombres ocupando un lugar
sumamente grande (aunque para ello hubieran de parecer seres monstruosos),
comparado con el muy restringido que se les asigna en el espacio, un lugar, por
el contrario, prolongado sin límite en el Tiempo, puesto que, como gigantes
sumergidos en los años, lindan simultáneamente con épocas tan distantes, entre
las cuales vinieron a situarse tantos días. “ (Marcel Proust: “El tiempo
recobrado”, A la búsqueda del tiempo
perdido, VII)
“Nanos gigantum
umeris incidentes” (Bernardo de Chartres)
«Bernardo de Chartres decía que somos como enanos sobre los hombros
de los gigantes. Si vemos más cosas y más lejanas que ellos, no es debido a la
agudeza de nuestra vista, ni a nuestro tamaño, es debido a que estamos elevados
por ellos.”
(Juan de Salisbury: Metalogicon, II, 4)
“Pero de pronto, fue como si Odette entrara, y esa aparición le
dolió tanto, que tuvo que llevarse la mano al corazón. Es que el violín había
subido a unas notas altas y se quedaba en ellas esperando, con una espera que
se prolongaba sin que él dejara de sostener las notas, exaltado por la
esperanza de ver ya acercarse al objeto de su espera, esforzándose
desesperadamente para durar hasta que llegara, para acogerloantes de expirar, para ofrecerle el camino
abierto un momento más con sus fuerzas postreras, de modo que pudiera pasar,
igual que se sostiene una puerta que se va a caer. Y antes de que Swann tuviera
tiempo de comprender y de decirse que era la frase de la sonata de Vinteuil y
que no había que escuchar, todos los recuerdos del tiempo en que Odette estaba
enamorada de él, que hasta aquel día lograra mantener invisibles en lo más
hondo de su ser, engañados por aquel brusco rayo del tiempo del amor y
creyéndose que había tornado, se despertaron, se remontaron de un vuelo,
cantándole locamente, sin compasión para su infortunio de entonces, las
olvidadas letrillas de la felicidad” (Marcel Proust: Por el lado de Swann, A la búsqueda del tiempo perdido, I).
Los gigantes son dioses o hijos de dioses. Existieron en un tiempo
antes del tiempo, antes del tiempo, antes de los humanos, nosotros, y
constituyeron el mundo en que vivimos. Lo crearon y lo confortaron. Y
desaparecieron. Mas, su obra y sus saberes no se dilapidaron ni se perdieron.
No siempre acertaron. Pero siempre quisieron sostener el mundo. Los gigantes
podían ser brutos, bruscos o tercos. Carecían del don de la diplomacia y de la
duplicidad. Reaccionaban, a veces violentamente. O se retiraban malhumorados,
amargados, desengañados, y decidían vivir sin contacto alguno con el presente.
Pero los gigantes siguieron aquí. Cristóbal era un gigante. Se
llamaba El Reprobado. Su figura inspiraba temor. Viendo los efectos
devastadores que causaba su presencia, se recluyó en una cabaña en un bosque.
Una noche, un niño desvalido apareció ante el umbral. Le pidió si podía
ayudarle a cruzar el río, inopinadamente crecido. Cristóbal lo subió a hombros,
y se dentro en las aguas. Pero notó cómo el peso que portaba cargaba cada vez
más, al mismo tiempo que el nivel de las aguas, que se henchían, ascendía. Al
llegar exhausto a la otra orilla, y sentarse, comentó con el niño el extraño
fenómeno. Era como si el mundo entero hubiera descansado sobre él. No solo el
mundo, replicó el niño, sino también a quien lo creó. Mas, por más que el niño
fuere el Creador, no hubiera podido alcanzar la orilla sin un porteador, a
quien rogó que plantara su bastón ante la puerta de la cabaña. Al día
siguiente, un árbol frondoso protegía la casa con su amplia y tupida copa.
Según Juan de Salisbury, los gigantes nos han elevado. La
elevación es física: nos alzan para que veamos más, pero también nos elevan
mental o espiritualmente, educándonos, formándonos. Si podemos encarar las
dificultades, no es porque somos más perspicaces, sino porque partimos de los
saberes, estudios, pruebas, aciertos y fracasos de quienes nos han formado.
Los gigantes, los sabios del pasado no son insuperables. De hecho,
no pretenden ni quieren serlo. Sus conocimientos pueden ser completados,
mejorados. Son una base sólida para afrontar las incertidumbres de la vida,
temores, angustias y misterios. Brindan su apoyo e inspiran confianza. Nos
hacen sentir que no estamos solos; nos hacen compañía, Es cierto que no
tuvieron necesariamente que enfrentarse al reto de los mismos obstáculos que se
alzan y con los que nos topamos. Pero nos enseñan a miran más lejos y más alto,
y a entender que el reto es ineludible y que la prueba debe ser afrontada incluso si es insuperable. No podemos quedarnos con los brazos
caídos, retirarnos, dar media vuelta, o tratar de no mirar a lo que cruza el
camino. Aportan conocimientos y una actitud ante un reto. No lo desdeñan,
niegan o hacen oídos sordos. Tampoco echan las culpas a otros ni los acallan.
Buscan soluciones, acertadas o no, que no agraven problemas ni causen daños
“colaterales”. Persiguen el bien, el bien común: una actitud ética que busca
minimizar o impedir daños, en pos de bienes que quizá no lleguen, pero que se
persiguen con ahínco y serenidad.
La violencia ciega tampoco es de recibo. Sería como darse de
cabeza contra una pared. Los gigantes asumieron la resolución de problemas que,
a veces, tantas veces, habían causado. El gigante egoísta, descrito por Wilde,
no podía acusar al tiempo o la mala fortuna las inclemencias y la soledad que
se habían abatido sobre su casa. Su mal fortunio era consecuencia de sus
acciones y decisiones, de su ceguera y su violencia. Su inicial reclusión no
sirvió para nada. Incrementó el mal tiempo, y su incomunicación. Solo cuando
decidió asumir el riesgo de reconocer sus errores y tratar de solventarlos, el
buen tiempo, tímidamente despuntó. Y un niño logró salvarse cuando el gigante,
decidido a salir de sí mismo, del mundo cerrado en el que se había recluido, le
ayudó, permitiendo al niño alcanzar un fruto de oro colgado de la rama más
alta, quien, a su vez, agradeció al gigante sacándolo de su voluntario encierro
y ascendiéndolo hacia la luz.
Los gigantes son como un alto paisaje, un fondo en el que
reposarnos, antes de afrontar las dificultades. Pueden anidarnos y aportar
consuelo, pero tenemos, a partir de sus ánimos, conocimientos, y ejemplos de
actuación, salir a enfrentarnos sin miedo y con lucidez a las montañas que
podemos incluso haber levantado (contra nosotros), sin que nos podamos escudar
en castigos divinos -ante los que nada se puede hacer, salvo callarse y bajar
la cabeza.
Y, de pronto, fue como si los gigantes entraran…. Y nos
aleccionaran a actuar, asumiendo posibles errores, buscando vías, no de escape,
sino de abordaje de soluciones, en beneficio de todos.
Toda la propuesta gira en torno a nuestra condición de Jano: giramos la cabeza para mirar a los
que nos precedieron, y animados por su mirada y su confianza, volvemos a mirar
la tarea que nos espera, para ceder, al fin, el puesto a los que vendrán,
entregándoles un mundo más digno, convirtiéndonos entonces, a su vez, en los
que preceden a los que vendrán y que podrán aprender, como ejemplos a tener en
cuenta o a evitar, lo que hicimos y los métodos y fines que perseguimos.
El futuro no tiene que dar miedo. Un futuro que no es el horror que
la noción de futuro inspiraba a los mesopotámicos -para quienes el futuro era
percibido como un túnel tan negro e ignoto que carecían del tiempo verbal de
futuro, y que avanzaban en el tiempo, ni mirando al futuro desconocido, sino al
pasado del que trágicamente se iban alejando, como un niño raptado que
arrastran lejos de sus progenitores, y hacia los que tiende desesperadamente -y
sin posibilidad de retorno y redención- los brazos- como a los cristianos para
quienes el futuro se halla aún lejos, mas es una luz que ilumina la vida,
llevando a olvidarse de la vida presente en favor de una vida futura siempre
postergada, tan orientada hacia esta luz, que se olvida de mirar al pasado y al
camino ya trazado y recorrido. Entre el miedo y la ilusión, entre los ojos
cerrados y los ojos desorbitados, entre la fascinación por el pasado (para no
mirar al presente y al futuro) y la adoración beata del futuro, desdeñando las
luces del pasado, juzgado equivocado o apagado, cabe encontrar una mirada serena de una
cabeza que mira tanto hacia al pasado como al futuro, mira al pasado para
volver la cabeza hacia el futuro, en un movimiento que no es estéril, inútil o
mecánico, sino que busca aprender del pasado para poder afrontar un futuro que
nunca está determinado – si sabemos dar un paso atrás para mirar con más
agudeza y serenidad. Somos enanos, es cierto; y por eso podemos y tenemos que
elevarnos, sobre un camino que otros ya han recorrido.
El equipo incluía, entre otros, a Aureli Santos (arquitecto), Gemma Serch (arquitecta), Eva Soria (asesoría), Marcel Borràs (actor, escritor, director), Clara Aguilar (intérprete y compositora), Helena Cánovas (compositora), Cube z (iluminación), Albert Serra (cineasta), Nuria Giménez Lorang (cineasta y documentalista), Ángela Molina (crítica de arte), Gregorio Luri (filósofo), Jéssica Jaques (filósofa), Palomo Spain (modisto), Fernando Albaladejo (arquitecto y modelo), Adriá Pinar (escenografía), pfp disseny (diseño gráfico), Ediciones Asimétricas (publicaciones), Irene Escolar (actriz), Palomo Spain (moda)…
Las actuaciones previstas hubieran corrido a cargo de Clara Aguilar (confirmada), Tarta Relena, Maestro Espada, Rodrigo Cuevas, Guitarricadelafuente y...
Una de las cinco propuestas finalistas -ganadora en la primera fase y empatada en todas las votaciones de la segunda hasta que....- en el concurso para el congreso mundial de arquitectos en Barcelona 2026.
Felicitaciones a los cinco finalistas y a los escogidos en la última votación; toda la suerte del mundo. Un gran congreso de arquitectura para arquitectos. Empieza mañana, 28 de junio de 2026.
Video: Realización 15-L; voz: Irene Escolar
Créditos parciales:
Dirección
….
Coordinación
Gemma Serch. MATTERS
Documentación
y organización congresual
Mónica Sambade, Eva Fidalgo, Carlos Bitrián, Oscar Poggi
Producción
Olga Díaz, Anabel Labrador
Diseño
gráfico
pfp (Quim Pintó y Montse Fabregat)
Diseño de montaje
Studioser, Roger Badía con la
colaboración de Oriol Jutglar
Gestor
de Proyectos (Project Manager)
Daniel Crespo
Escenografía
Adrià Pinar y Zuloark Collective
Sonido,
composición, interpretación musical
Carla Aguilar
Composición
y dirección de ópera de bolsillo
Helena Cánovas Parés
Eventos
teatrales
Marcel Borràs, Irene Escolar, dirs.
Documental(es)
Núria Giménez Lorang
Recursos digitales
La Tempesta
Video(clips)
15-L; voz: Irene Escolar
Agradecimientos a Canadá
Iluminación
Cube bz
Moda
y dirección desfiles
Fernando Albaladejo
Eventos
Face to Face. Mónica Galindo
Cerámica
Carmen Balada
Con la colaboración especial de
Marc Aureli Santos (consultor y
relaciones internacionales)
Albert Serra (cineasta)
Asesoría
Albert Guàrdia (La Castanya, promotora de conciertos); Marta
Marín-Dómine, antropóloga (antigua directora del Centre Cultural i Memòria El
Born); Jéssica Jaques (Humanitats,
UAB); Gregorio Luri (filósofo
y pedagogo, UB); Marc Marín, arquitecto
(UPenn University, Filadelfia); Ángela Molina (crítica de arte); Sergio Pardo, arquitecto (Director of the Percent for Art Program at the New
York Department of Cultural Affairs & New
York University’s Steinhardt School of Culture, Education, and Human
Development);Ala Younis, arquitecta y artista
Una exposición de encargo sobre el imaginario arquitectónico ha sido cancelada por ser poética y filosófica, características consideradas inadecuadas para reflejar la urgencia de la crisis actual de la vivienda que al parecer requiere maneras de comunicar más directas o expeditivas. Hubiera formado parte de la programación cultural de la capitalidad mundial de la arquitectura. Se temió que se perdiera el tiempo en ensoñaciones.
La decisión refleja la tradicional oposición entre poesía y periodismo que ya trataron el novelista francés en Las ilusiones perdidas y el escritor norteamericano Henry James en la novela La musa trágica, ambos hace más de un siglo, la lucha entre la vida activa y la vida contemplativa, tan comentada en el Renacimiento italiano, entre el pensar y hacer, que el filósofo italiano Nuccio Ordine ha tratado en su conocido ensayo La utilidad de lo inútil. De algún modo, un fracaso esclarecedor sobre distintas actitudes vitales.
SINOPSIS
“una casa en el interior del ser humano, que se llama corazón”
(Ahmad b. Muhammad abû-I-Hasan al-Bagawi, “al-Nûrî”: Maqâmât al-qulûb -Moradas de los corazones)
“En una noche oscura,
Con ansias, en amores inflamada
¡Oh dichosa ventura!,
Salí sin ser notada
Estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura,
Por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!,
A oscuras y en celada,
Estando ya mi casa sosegada”
(Juan de la Cruz: Noche oscura)
« Notre inconscient est logé. Notre âme est une demeure. Et en nous souvenant des maisons, des chambres, nous apprenons à demeurer en nous-mêmes. »
(GastonBachelard:La poétique de l´espace)
« Ooh, a storm is threatening My very life today If I don't get some shelter Ooh yeah, I'm gonna fade away”
(Mick Jagger & Keith Richards: Gimme Shelter)
INTRODUCCIÓN: POÉTICA DEL ESPACIO
La casa nos habita.
Todos tenemos nuestro espacio propio, o soñamos con tenerlo. Mas, también podemos aborrecerlo y tratar de escapar de él.
En cualquier caso, este espacio nos ronda y nos define, busquemos preservarlo o rehuirlo. Cercano, a veces demasiado próximo. Nos cuida o nos ahoga, nos representa y nos expone, o nos oculta. Es un refugio, un lugar de paso, o una cárcel. Pero está ahí, presente, ante y dentro de nosotros, lo queramos o no.
El especio nos define, nos constituye. Somos porque estamos en un lugar, porque tenemos un lugar. Las personas sin hogar no tienen existencia (legal). No tienen un techo. Viven en el desamparo. No son nadie a los ojos de la comunidad. Marginalizados, rechazados, son sombras cruelmente invisibles. Hasta los nómadas poseen lugares a lo que vuelven y en los que descansan durante su eterna vida trashumante.
La peor condena, en la antigüedad, era el destierro. Un desterrado no podía descansar jamás. Ningún lugar podía acogerle. La tierra, las comunidades lo rechazaban. Expulsado, condenado, la palabra desterrado lo dice bien: el prefijo de (dis-) apunta a la división, separación, la ruptura, y a la causa de la misma, percibida como un castigo ejemplar. Dis-, en latín, también designa una contrariedad, un daño; un daño, que debe ser expiado, que lleva a la exclusión, y la imposibilidad de cualquier asentamiento, como bien sabía Edipo; al igual que Caín, si, en el último momento, Yahvé no le hubiera autorizado a construir una ciudad-refugio para todos los perseguidos por su pasado. Bien lo asumió la propia divinidad, fundando ciudades, ciudades-refugio, para los injustamente perseguidos a lo que no les cabía sino una huida adelante, sin posibilidad de detenerse para reflexionar, y volver a ser un humano, habiendo recobrado un lugar en la tierra.
La casa como la morada del ser. El ser como morada en la que podemos ser lo que somos y queremos ser. Lugar de acogida y e recogimiento, abierta a todos.
MORADAS DE LOS CORAZONES, O MORADAS DEL CASTILLO INTERIOR
Fue el místico sufí de Bagdad Abu-I-Hasan al-Nuri quien, por vez primera enunció la estructura arquitectónica del alma en su breve texto Moradas de los corazones.El alma se compone de una serie de fortalezas, que protegen el alma, pero que no son habitables sin esfuerzo.
Teresa de Jesús posiblemente inspirada por el texto islámico que debía circular aún en la España del siglo XVI, seguramente por la mediación del recién desaparecido califato de Córdoba, escribió otro breve texto llamado Las Moradas del Castillo Interior.
Las relaciones entre ambos textos, directas o indirectas, quizá a través de Ibn Arabí, de Murcia, son evidentes. La arquitectura es una imagen de la solidez del alma, y de su capacidad a proporcionar un cobijo espiritual, un reposo anímico. Lejos de ser considerada como una mancha que destruye la creación divina, la obra construida fortaleza aquella. Después de todo, el Edén era descrito como un jardín, es decir como una naturaleza imbuida por una intervención en el espacio y la materia primigenios. El jardín es obra de la mano y de la mente que incide y da sentido al espacio de los inicios.
Tanto en Abu-I-Hasan al-Nur como en Teresa de Jesús el alma está constituida por siete fortalezas. Éstas están construidas con distintos materiales, desde los más opacos y terrenales, como el adobe -con el que se edifica un castillo que delimita el alma sensible, más sensible al mundo profano y material-, hasta el diamante, con el que se erige una fortaleza en la que continente y contenido se confunden: una fortaleza deslumbrante que acoge en su seno, y expande la luz.
Estas moradas pueden ser alcanzadas y recorridas. No son inexpugnables ni se ubican en lugares imaginarios o inaccesibles. Se hallan al alcance de la mano. Se encuentran en nosotros. Mas, es necesario un recorrido para llegar a ellas. Este viaje es interior. El ser debe ensimismarse. Volver sobre sí mismo, adentrarse, volcarse hacia su mundo interior, lejos de los señuelos de lo que le rodea. Los ojos se cierran, para que se abra la mirada interior, la única capaz de percibir la luz del árbol de la vida que, sostiene Teresa de Jesús, se yergue en el corazón de la última y más recóndita morada.
Siete son las moradas que al-Nuri y Teresa de Jesús describen. Para al-Nuri, aquéllas se encuentran dispuestas en el espacio, una al lado de la otra, configurado un paisaje o un territorio salpicado de fortalezas, castillos o ciudades de planta circular amuralladas -que evocan construcciones ideales, pero también ciudades planificadas según una disposición circular: recordemos la ciudad de Bagdad originaria.
La planificación, según Teresa de Jesús, es más compleja. Las moradas se emplazan tanto una sobre otra, constituyendo una pila, una superposición de construcciones, casi a imagen de los niveles de una pirámide escalonada o un zigurat -una figura recurrente, por otra parte, en la arquitectura de los rascacielos, y de las arquitecturas futuristas-, como una al lado de otra, a izquierda y a derecha. Todas, en suma, dibujan un organismo que invita a ser recorrido horizontal como verticalmente: un espacio por el que se transita, se asciende y se desciende; un movimiento complejo fruto de un viaje incierto y, sin embargo, emprendido confiadamente.
Cada morada expresa una virtud del espacio cercado, desde la penumbra hasta la luz, constituyendo etapas en el tránsito desde la ignorancia hasta el autoconocimiento. Son las moradas interiores, en este viaje ensimismado, iniciado con la meditación, la íntima reflexión o exploración de lo que cada ser es, las que pautan la lenta revelación de la luz y del saber.
Mas, ¿Qué relación guarda el texto místico de Teresa de Jesús, con una exposición de maquetas o de “maquetas”, de pequeñas construcciones o de objetos con trazas y trazos de elementos y rasgos arquitectónicos, conformados, a veces tan solo superficialmente por componentes que se asemejan al vocabulario de la arquitectura culta, real o sagrada, más allá de las palabras arquitectura y morada, empleadas, en cualquier caso, de manera metafórica? ¿Cuál es el sentido o la finalidad de la exposición -que no es una exposición de maquetas arquitectónicas en el sentido exacto y convencional de la expresión, es decir de elementos tridimensionales que forman parte de un proyecto de arquitectura? Las “maquetas” que se exponen son objetos con rasgos más o menos evidentes arquitectónicos, objetos de diverso tipo que pueden evocar una construcción, pero cuya finalidad, sin duda no es la de remitirnos o evocarnos una construcción real, existente o posible. ¿Por qué entonces relacionarlas con las los relatos místicos citados?
Para poder responder a esta lógica pregunta o inquietud, cabe entender qué es la arquitectura.
LA CUALIDAD DE LA ARQUITECTURA, O LA ARQUITECTURA COMO CATEGORÍA ESTÉTICA
Al igual que la belleza que Kant definiera, la arquitectura es una categoría o una cualidad subjetiva que atribuimos a todo espacio que suscita en nosotros emociones y en los que, en principio, sentimos que nos encontraríamos cómodos, bien; espacios que nos atraen y en los que sentimos que podemos vivir, o en los que nos “proyectamos”, viéndonos ya morando para siempre en estos espacios.
Así es que cabe preguntarnos entonces, ¿dónde se encuentran estos lugares que se desmarcan de la construcción carente de atributos, la mera construcción? Dado que la arquitectura es una cualidad que atribuimos a cualquier especio que suscita en nosotros reales o soñadas sensaciones de bienestar, la categoría de arquitectura es otorgada a cualquier espacio y a cualquier imagen espacial que provoque dicha sensación de gozo y de plenitud: imágenes literarias, plásticas, musicales, fílmicas, escenográficas.
Pues de espacios reales, soñados, imaginados, irreales -y necesarios- que nos atraen se trata.
Se trata, en suma, de imágenes capaces de recibir, a través de nuestra percepción e interpretación, el calificativo de arquitectura.
Todo un imaginario arquitectónico se despliega ante nosotros: todo un conjunto de imágenes que percibimos o que creamos, que nos atrapan, nos retienen, y suscitan en nosotros esta sensaciones éticas y estéticas, de estar bien; que nos hacen bien, calman y colman, nos completan y nos enriquecen.
Este imaginario, esta producción de imágenes perturbadoras, que no nos dejan indiferentes, se traduce o se plasma, en esta ocasión en objetos con rasgos o trazas arquitectónicas, existentes o imaginarias, que nos evocan espacios cercanos, anhelados, y suscitan sensaciones bellas, sublimes o siniestras, que nos purgan, remueven y satisfacen.
¿Qué relación, entonces, establecemos entre esta concepción de la arquitectura, entre las Moradas místicas descritas por al-Nuri y por Teresa de Jesús, y una exposición? ¿Tiene sentido?
LA EXPOSICIÓN
Una exposición es un viaje en el tiempo y el espacio; durante un tiempo que cada visitante dispone, cuya duración decide -aunque la presencia de lo expuesto puede alterar (acortar o alargar) las previsiones-, y cuyos efectos casi nunca son previsibles, si bien, el conocimiento, el reconocimiento y la sensación de haber suspendido el tiempo, de no haberlo perdido, sino que, por el contrario, de haberle ganado la partida al desconocimiento, la indiferencia y el olvido, se van ganando o revelando a medida que se recorre la exposición.
Un viaje que se emprende desde la entrada o las primeras obras, del que se esperan beneficios, sobre un viaje anímico, de todo corazón, a través del cual se alcanza la plenitud y el desprendimiento de todo lo que impide que el espíritu ascienda y nos transporte. Un viaje real, imagen de un viaje mental.
“MAQUETAS” U OBJETOS CON APARIENCIA ARQUITECTÓNICA
Sabemos o intuimos que las maquetas de artistas contemporáneos no son maquetas de arquitectos. No forman parte de ningún proyecto, ni traducen o anuncian ningún edificio existente, que existió o que pronto se alzará. No son una promesa de arquitectura. Son arquitecturas, aquí y ahora, en miniatura o no. Su tamaño no determina su imponencia. Revelan una imagen, un imaginario, que expresa -que es el fruto- de una emoción plasmada, amble, placentera, cálida o dolorosa. Suscitan attraction, rechazo o repulsión. En cualquier caso, no dejan indiferente.
La maqueta de artista traduce una impresión, su impresión, de la arquitectura, de lo que es, y de lo que ofrece la arquitectura, esto es, el espacio acotado y próximo que nos atrae, del que deberíamos huir pero que no deja de influir en nosotros, o que nos oprime, obligándonos a reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo.
Igualmente, las maquetas de artistas -y aún más, las maquetas proyectuales de los arquitectos- guardan tan solo una relación formal con unos objetos, comunes en culturas antiguas y culturas “tradicionales”, que solemos, por comparación denominar maquetas, pero que a menudo son útiles con rasgos o vagas formas arquitectónicas. Estos objetos -altares, recipientes, incensarios, hornillos, muebles, etc.- suelen tener una finalidad más allá de lo utilitario -tal como lo entendemos hoy-, pero cumplen una finalidad no (solo) decorativa. ¿Qué son, a qué finalidad responden? No siempre se sabe: solo el contexto y la imaginación pueden ayudar a encontrar respuestas. Pues son unos objetos significativos, que despiertan nuestro innato sentido de la interpretación. Necesitamos saber a qué responden. La respuesta, a menudo, o en último término, está en nosotros. Somos nosotros, como en todo ejercicio hermenéutico, quien otorgamos un significado, aunque creemos extraerlo el objeto, como si éste estuviera sellado y su contenido solo se alcanzara tras una intensa e íntima comunión con aquél, revelación a la que el objeto, finalmente, accede. Después de todo, podemos pensar que la relación ha sido establecida por el objeto que se nos ha agenciado y se dispone, acaso, a contarnos lo que sabe, lo que tiene a bien contarnos.
Los objetos antiguos, de culturas diversas, que llamamos maquetas, y que pueden evocarnos una construcción o que son realmente una construcción en miniatura -una construcción quizá imaginaria pero que pueden remitir, directa o alusivamente, a tipologías conocidas- proceden, mayoritariamente, de contextos funerario, templario o doméstico: altares, capillas, incensarios, contenedores de perfumes, ofrendas, etc., todos revelan un cierto gusto, quizá una necesidad, por formas o tipologías arquitectónicas, que en ocasiones median entre los vivos y los muertos, o acompañan a éstos en su tránsito o en su morada última. Son objetos, por tanto, que pueden cuidar el hogar y al ser humano: su lugar y su presencia, aquí y ahora, o dónde fuere y cuándo fuere. Dichos objetos bien podrían ser juguetes u ornamentos, pero posiblemente sean más bien objetos votivos -un adjetivo de amplio espectro que aparte el útil de una función profana para acercarlo a adentrarlo en el mundo imaginario. Objetos, por tanto, que acompañan en esta y en la otra vida. Imágenes que recuerdan a construcciones, que hoy asociamos a construcciones, pero cuya asociación debía ser perseguida. Una relación que bien puede evocarnos la imagen que se hacía o se tenía de la arquitectura, que acoge, recoge, pauta y vela la vida y la muerte de los seres humanos.
Blog de teoría del arte y de la arquitectura sobre el imaginario arquitectónico, antiguo y moderno, en las artes plásticas, literarias y musicales: El imaginario arquitectónico antiguo - Arte y arquitectura contemporáneas - Arquitectura y música popular - Cine de animación (principalmente sobre arquitectura)- Cortometrajes (sobre arquitectura)
Blog de Paco Tilla
Misión arqueológica en Tell Masaikh (Siria), 2007-2008
Palacio neo-asirio, s. VIII aC
La última casa. Mónica Gili (ed.), Pedro Azara (introducción)
Selección de tumbas de arquitectos del siglo XX con un texto de introducción sobre el simbolismo de la tumba
Marsilio Ficino. De divino furore
Edición crítica bilingüe (latín-español) de los textos de Marsilio Ficino (s. XV) sobre los furores divino y poético.
La imagen y el olvido
Estudio de los mitos y las figuras heróicas que puntean los diálogos de Platón, en los que se percibe su concepción del arte plástico y poético como un fenómeno perturbador que debe ser combatido. Con razón
Casas del alma
Catálogo de la muestra sobre maquetas arquitectónicas de la antigüedad, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona , 1997
Mitos y ritos de fundación en el Mediterráneo antiguo
Catálogo de la exposición del mismo título en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), 2000.
Pedro Azara (ed.): ¡HOGAR! El imaginario arquitectónica en la revista ¡Hola!
Colegio de Arquitectos de Cataluña, Barcelona, 2006. Catálogo de la exposición del mismo título
El retrato en Occidente
Breve historia del retrato en Occidente, desde la aparición del género en el mundo helenístico y su eclosión en Bizancio, hasta el siglo XX.
Castillos en el aire
Recopilación de artículos, antiguos e inéditos, sobre mitos y arquitectura, en especial en Mesopotamia y el Cristianismo primitivo.
La reconstrucción del Edén. mito y arquitectura en Oriente, Gustavo Gili, Barcelona, 2010
Estudio del imaginario arquitectónico mesopotámico (¿distinto o no del nuestro?), a través de la figura y los actos de Enki, un dios principal del panteón sumerio, considerado una divinidad artesana, artera y constructora. Segunda parte de un estudio sobre el imaginario arquitectónico antiguo, iniciado en: Castillos en el aire. Mito y arquitectura en Occidente, Gustavo Gili, Barcelona, 2005
Orfeo y Eurídice
Libro-cd con la música y el libreto de la ópera Orfeo y Eurídice, de Gluck, para niños (y adultos cansados de la ópera).
The Space of the City in Graeco-Roman Egypt. Image and Reality
Eva Subías, Pedro Azara, Jesús Carruesco, Ignacio Fiz & Rosa Cuesta (eds.), Institut Català d´Arqueologia Clàssica (ICAC), Tarragona, 2012
Arquitectures celestials
Pedro Azara, Jesús Carruesco, Françoise Frontisi-Ducroux, Gregorio Luri (eds.), David Capellas (coord.): Arquitectures celestials, Institut d´Arqueologia Clàssica (ICAC), Tarragona, 2012. Actas del congreso. Textos en español, catalán, francés e inglés
Antes del Diluvio. Mesopotamia, 3500-2100 aC / Avans del Diluvi. Mesopotàmia 3500-2100 aC.
Pedro Azara (ed.), Ediciones La Polígrafa, Barcelona, 2012. Distribución Editorial Gustavo Gili, Barcelona. Catálogo de la exposición en Caixaforum, Barcelona y Madrid, diciembre de 2012-mayo de 2013. Dos ediciones, en castellano, y en catalán
Piedra angular. El nacimiento de la ciudad en Sumeria
Ediciones Tenov, Barcelona, 2012. Se trata de una antología de breves textos sobre arquitectura, ciudad y cultura sumerias (Mesopotamia, IV y III milenios aC), una versión de los cuáles ha sido publicada en este blog en los dos últimos años.
Mediterráneo. Del mito a la razón
Pedro Azara & Gregorio Luri (eds.), Editorial Tenov, Barcelona, 2014
Pedro Azara & Pep Boatella: Los 12 trabajos de Hércules, Hipòtesi, 2014
Libro infantil ilustrado: las míticas pruebas por las que Heracles pasó para liberar el Mediterráneo de monstruos.
Jennifer Y. Chi & Pedro Azara (eds.): From Ancient to Modern. Archaeology and Aesthetics
Princeton University Press, 2015
HEVIA, José, GILI, Gustavo, AZARA, Pedro: Welcome
Gustavo Gili, Barcelona, 2015. Fotografías de José Hevia, desde los descansillos, en una torre de Barcelona, de las puertas de entrada, "personalizadas",de los numerosos apartamentos que rondan este espacio comunitario
Cornerstone. The Birth of the City in Mesopotamia
Tenov, Barcelona, 2015. Distribuido por the University of Chicago Press, 2015
Cuando los arquitectos eran dioses
Ediciones Libros de La Catarata, Madrid, 2015
Pedro Azara (ed): Sumeria y el paradigma moderno
Fundación Joan Miró, Barcelona, 2017
Pedro Azara & Tiziano Schürch: Cibeles, la virgen de las rocas
Editorial Hipòtesi, Barcelona, 2018
Pedro Azara (ed.): JUAN BATLLE PLANAS. EL GABINETE SURREALISTA
Fundación March, Madrid, 2018
PEDRO AZARA (ED:): TO LOSE YOUR HEAD (IDOLS)
Catálogo del Pabellón Catalán, Bienal de Arte, Venecia, 2019. Editado por Tenov, Barcelona
Pedro Azara & Marc Marín: "Ancient Art in the White Cube? Or How Contemporary Art Creates Ancient "
Museums and the Ancient Middle East. Curatorial Practice and Audiences (G. Emberling & L. P. Petit, eds.), Routledge, 2019
Pedro Azara & Marc Marín: "Mesopotamia in Miró. Miró in Mesopotamia", ps. 11-32
Receptions of the Ancient Near East in Popular Culture and Beyond, (L. Verderame & A. García-Ventura, eds.), Lockwood Press, 2020
Konrad Buhagiar, ed: The Founding Myths of Architecture
Ed. Artifice, La Valeta (Malta)
Konrad Buhagiar, ed: Les mythes fondateurs de l´rchitecture
Ed. Artifice, La Valeta (Malta), 2020
La mirada atenta. Breve diccionario de estética
Ediciones UPC, Barcelona, 2021
Andrés Carretero, et al. (eds): Abantos. Homenaje a Paloma Cabrera
Pedro Azara: Los viajes de Apolo. Ministerio de Cultura, Madrid, 2021
Lluis Feliu, et al. (eds.): "Sentido de un empeño". Homenatge a Gregorio del Olmo Lete.
Pedro Azara & Joan Borrell: Mucho antes que Va Pensiero: los libretos de ópera barrocos de Pietro Metastasio y el imaginario europeo del Próximo Oriente antiguo. Barcino Monographica Orientalia 16, 2021
Pedro Azara (ed.)
Through the Lens: Latif al Ani´s Visions of Ancient Iraq, The Princeton University Press, 2023
La ciudad de los días lejanos. Un imaginario proscrito, Ediciones Asimétricas, Madrid, 2024
José Manuel Ballester. El jardín de los dioses
MADLIBROS, Madrid, 2025
Pierre Azara: Rêves de Babylone. Un essai sur l´Assyromania.
París: L´Harmattan, 2025
Babia, a lo lejos. Un glosario-guía para no perderse en el arte. Madrid: Asimétricas, 2025
Pedro Azara & Marieta Cavero: Barcelona, otros relatos arquitectónicos