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domingo, 1 de febrero de 2026

Dios está en los ladrillos

 Los romanos no eran religiosos; eran supersticiosos. 

Al contrario que los griegos -los egipcios y los mesopotámicos, solo por mencionar culturas antiguas más o menos cercanas o que han influido en la visión europea del más allá-, los romanos daban más importancia y créditos a los espíritus, genios o duendes, mucho más impredecibles, poderosos y temibles, y también mucho más cercanos físicamente, que los distantes dioses oficiales. El Estado cumplía con su comprimido honrando y alimentando a los dioses capitolinos. Las familias, por el contrario, se inclinaban ante los duendes que moraban en todas las cosas, no fuera que de pronto, dieran la espalda a la familia o suscitaran vientos en contra.

Los hogares estaban centrados en la presencia y la importancia del hogar: el fuego sagrado -distinto del fuego profano de las cocinas. La vida y la supervivencia estaba a merced del hogar: el fuego debía estar encendido para evitar el frío de la muerte, pero debía vigilarse para que no se desmandara.

Por este motivo, las familias -el pater familias o familiae - se cuidado de honrar a los duendes del fuego. Duendes, en plural. El hogar era la sede de una turbamulta de genios locales. 

Es cierto que Vesta, una diosa de importancia que formaba parte del séquito de los dioses capitolinos y que por eso mismo poseía un templo en el centro del foro, el espacio central comunitario de la ciudad, velaba sobre los hogares domésticos. Mas, su poder se manifestaba a través del trabajo de los espíritus. 

Poco o nada se sabía de éstos, al contrario que la vida pública de los dioses, en concreto de Vesta. Ni siquiera se sabía qué forma, qué aspecto tenían  los duendes, si es que tenían una forma definida. Lo único cierto era que existían, aunque eran invisibles, y que no se les podía tomar a la ligera. Moraban en el interior de los hogares y su furia despechada podía ser devastadora si no se les atendía. 

Fornax era la diosa de los hornos, públicos y privados. En los hornos se tostaba el trigo y posteriormente el pan. Se trataba de una diosa vital para la supervivencia de los hogares. La alimentación básica de los hogares dependía de su humor. Por eso, se le rendía también un culto público durante las fiestas religiosas de las Fornacalia -que, si fuéramos romanos, estaríamos a punto de celebrar este mes que empieza hoy, cuando el fuego, en pleno y crudo invierno, es más necesario que nunca.

Los hogares, los hornos, y las chimeneas se construían con ladrillos. Éstos eran de adobe. Con el primer encendido del fuego, los ladrillos se secaban, se contraían y se endurecían. Esta transformación de la materia, tal que el adobe, que afectaba la forma y la estabilidad de los ladrillos, debía estar bajo control. 

Por eso mismo, ninguna familia se olvidaba de rendir culto a Laterano, el dios, o mejor dicho, el duende o el espíritu  de los laterii -ladrillos-, cuya intervención evitaba el cuarteo de los hornos y los hogares, y aseguraba su durabilidad. 

Si tenemos en cuenta que, en época republicana, los muros se construían también con ladrillos crudos -de arcilla no cocida-, la importancia del cuidado de Laterano era esencial para que un hogar no colapsara. 

Por suerte, los Lares o genios de los lugares en los que se emplazaban las viviendas, también velaban. Pero los hornos y los hogares y, por tanto, la buena predisposición de Laterano, imprescindible, jugaban un papel decisivo en el culto a los Lares, así como de los Penates, que cuidaban de los despensas -los espacios más recoletos e interiores, que guardaban los alimentos con los que vivos y muertos, humanos y duendes eran honrados o alimentados-, y los Manes -los espíritus de los muertos, hijos de Manía, la diosa de los muertos, a la que era imprescindible cuidar, incluso sacrificándole, en época arcaica,la vida de un recién nacido si era necesario, para aplacar su furia y evitar que enloqueciera al pater familias y éste prendiera fuego al hogar: diariamente se alimentaba a estos genios con granos tostados en el hogar. 

Sin embargo, la protección externa de la morada frente al peligro del fuego ya no dependía de Vesta, Fornax, los Lares, los Manes, los Penates o Laterano, sino de Estata Mater, un espíritu que evitaba los devastadores incendios que solían asolabar las ciudades -hasta que el emperador Nerón creó los vigiles, un cuerpo de bomberos que velaban que el fuego no prendiera.

El duende Lateranus sigue muy presente en el occidente cristiano. La catedral de Roma, sede del papado, no es la basílica del Vaticano, sino una basílica aún más venerable: la archibasílica de San Juan de Letrán, construida en un solar regalado por el emperador Constantino, que había pertenecido a una familia patricia, que complotó contra el emperador Nerón, que mandó sea proscrita y desposeída y su miembro más distinguido ejecutado, los Plautii Laterani. Se trataba de una extensa propiedad, lejos del centro urbano, donde se ubicaban los hornos en los que se cocían los laterii, bajo la advocación de Lateranus.

¡Lo que debemos al genio de los ladrillos!, -hoy sustituidos  por el culto a la madera como material de construcción, bajo la advocación de Silvano, antiquísima divinidad, que cualquier día se cansará que le vayamos talando los bosques y les prenderá fuegos devastadores -como ya hace y ya no solo en verano-, que la olvidada y desdeñada Estata Mater, y no digamos el destronado Laterano, no se cuidarán más en apagar.

Los humanos somos seres incendiarios.


A C.P. que tanto sabe sobre los laterii

sábado, 31 de enero de 2026

Babilonia y los ángeles (Babilonia en el Corán)


 


El Corán y la Biblia presentan parecidos y diferencias que justifican la cercanía entre ambos textos, redactados en épocas distintas, aunque basados en relatos orales que bien pudieron enunciarse en unos mismos tiempos o con unos pocos años de diferencia. La enunciación oral, de la que no queda ningún registro, impide darse con certeza cuándo estos relatos, que combinan mitos, leyendas, proverbios, dichos y relatos más o menos históricos, pudieron componerse, ni por quien o quienes.

La visión de Babilonia, en la Biblia y el Corán, ofrece una imagen en la que los parecidos y las diferencias quedan manifiestas.

Solemos, en Europa y posiblemente en el mundo occidental cristiano y judío, considerar el imaginario babilónico a la luz del antiguo testamento y del apocalipsis. 

La descripción de Babilonia por el historiador griego Herodoto, escrita cuando Babilonia ya era una sombra de sí misma, no suele entrar en consideración. Por otra parte, Herodoto trató de referirse a la ciudad existente (que seguramente no visitó), quedara lo que quedara de ella en el siglo VI aC., aunque no había sido aún asolada por Alejandro. 

Los textos religiosos remiten, por el contrario, a una ciudad soñada o temida, a una ciudad imaginaria -una imagen destilada por lo que se contaba de la ciudad existente, magnificada, y denostada, por las alabanzas y las habladurías.

En los textos hebreos, y cristianos posteriormente, Babilonia recibe el epíteto de la Gran Prostituta. Más que su poder militar, lo que fascina, atemoriza y suscita rechazo es su cualidad moral, su inmoralidad, ejemplificada en el edificio central, la torre de Babel, símbolo de la ambición, presunción o soberbia humana de igualarse con los dioses, yendo más allá de las limitaciones humanas.

La concepción coránica de Babilonia también ensombrece la imagen, por razones parecidas, pero expresadas de manera muy distinta, y ambigua. El perfil de Babilonia, pese a la brevedad de la cita coránica (2:102), es más complejo. La maldad de la ciudad no está tan claramente expresada, y la interpretación del texto no da lugar a una respuesta unívoca. De hecho, existen tantos juicios como lecturas del párrafo (la sura). 

Babilonia o Babel fue la ciudad o el lugar donde Alá mandó a dos ángeles, Harut y Marut, para que retaran y tentaran a los humanos. En un párrafo anterior del Corán (2:30), Alá anunció que establecería la autoridad de los humanos en la Tierra (no se refiere a la creación de los mismos, sino a los poderes concedidos a las criaturas). A la escucha de la proclama divina, los ángeles antes citados se sulfuraron: ¿cómo es que Alá entronizaba a unos corruptos, que harían correr la sangre, mientras cantarían alabanzas al señor, en la tierra?. La respuesta de Alá fue tan enigmática como la que hubiera podido pronunciar cualquier divinidad: sé lo que no sabéis.

Fue entonces cuando Alá mandó a Harut y Marut a la tierra. ¿Se habían convertido en unos ángeles caídos? El texto coránico no lo especifica, y los intérpretes debaten sobre la catadura moral de dichos ángeles. Eso aconteció en tiempos del rey Salomón, especifica el texto coránico.

Lo cierto es que Harut y Marut enseñaron las artes de la magia a los humanos, advirtiéndoles de los peligros que correrían si las ejercieran: el peligro del alejamiento de la protección divina. Ningún humano resistió a la tentación. Parecía que la opinión angelical sobre los humanos reflejaba bien lo que éstos eran: unos ambiciosos que no dudaban en recurrir a tretas, juegos de mano y apoyos bajo mano para dar satisfacción a sus deseos. La magia negra se adueñó de los humanos. 

Mas, ¿cómo los ángeles Harut y Marut pudieron conocer lo que transmitieron a los humanos? ¿Dónde  aprendieron los secretos de la magia negra? ¿Quién les adiestró? Silencio. ¿Cayeron en la tierra porque sabían lo que no debían saber? Silencio también. Imágenes islámicas muy posteriores representaron a Harut y a Marut colgados boca abajo, ajusticiados. ¿Por su caída, por sus saberes, por qué asumieron la maldad y la codicia humanas? ¿Acaso liberaron a la humanidad de unos males que unos demonios -llamados jinns, como Satán, seres a quienes los humanos no pueden ver- anteriores le inculcaron? ¿Cómo juzgar a quienes nos hicieron humanos, y fueron -o son- nuestros (¿acaso no nos son cercanos?) ángeles guardianes?

Lo único que se sabe es que la tentación -en la que cayeron los humanos- de obtener saberes para lograr lo que el saber humano no permite -a menos que el saber humano sea propiamente mágico- aconteció en Babilonia: la ciudad tentadora. ¿La gran prostituta? Silencio. La grandeza de los textos sagrados reside en lo que callan.







viernes, 2 de enero de 2026

GIANNI VERSACE (1946-1997) Y LA MAGNA GRECIA





































 
Fotos: Tocho, Museo Arqueológico Nacional, Reggio Calabria, enero de 2026


El hijo pródigo de Reggio Calabria, pese a haber sido asesinado en Miami hace ya treinta años, ha regresado a su ciudad natal. 

Una gran exposición dedicada a la obra del modisto de alta costura italiano Gianni Versace, pone el acento en la influencia del arte de la Magna Grecia, que Versace conocía y apreciaba, en los estampados de las telas, los motivos de las joyas, y el plegado y la caída de los vestidos, tanto de alta costura como de pret-à-porter. 

Su lema que defendía la superficialidad como emanación, manifestación o visualización de la profundidad -una imagen marítima que se despliega ante las costas de Reggio Calabria y de la isla de Sicilia, tan cercana, que tan solo una lámina de agua centelleante bajo el sol de invierno, separa y une al mismo tiempo, acerca y aleja- estructura la exposición, que combina el pasado, lo más alejado, de las imágenes del primer milenio aC, con el temblor de los trajes metálicos, de diminutas partículas metálicas, cuyo brillo remite al de las aguas del temible estrecho de Mesina.

Una exposición a través las artes y los tiempos, de la imagen a la trastienda, en un cruce y un encuentro sorprendente que hubiera podido fracasar -y sale viva.

La exposición se titula, intencionalmente, Terra Mater: referencia a la diosa madre, a las divas del diseñador, y a sus fantasmas y obsesiones.

viernes, 26 de diciembre de 2025

La arquitectura según San Esteban

 




Esteban, cuando el juicio por impiedad en el Templo de Jerusalén, al que sucedió su condena a muerte por lapidación -el material cuya potencia negó:

"Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta:

        El cielo es mi trono,

        Y la tierra el estrado a mis pies.""

(Hechos de los apostoles 7: 47-49)


Pese a sus esfuerzos, los humanos no han sido capaces de acoger a los dioses; las moradas que les han edificado, por descomunales que fueran, nunca han podido acoger a las infinitas potencias sobrenaturales. No tienen cabida -ni tienen porque tener. Los sueños y las ilusiones están en ninguna y en todas partes.

Una soberbia bofetada a la soberbia de los constructores. Y un canto a la imaginación libre de ataduras y constricciones. El anti santo patrón de los arquitectos , o el patrón de quienes construyen en sueños castillos en el aire.

Hoy, veintiséis de diciembre, en Cataluña se honra temerosa y admirativamente a Esteban



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jueves, 18 de diciembre de 2025

PETER MILLER (1913-1996): ESPACIOS SAGRADOS











La foto, en blanco y negro, de Peter Miller puede sorprender. La persona retratada lleva pantalones -una observación banal-, en los años cincuenta, pero, no cabe duda alguna, es una mujer. 
Su nombre o apodo masculino podía abrirle puertas, pero también evocaba las piedras que tanto le fascinaban, piedras inmemoriales con las que, y sobre las que las comunidades Pueblo, en Nuevo México, fundaron construcciones y aglomeraciones desde el año mil. Comunidades en las que Henrietta Myers (tel era su nombre originario) se encontraba a gusto, en las que había hallado su lugar. 
Su obra confirma, si hiciera falta, que el arte moderna no rompió con la tradición, sino solo, en ocasiones, con ciertos estilos o ciertas miradas. 

Peter Miller, en los inicios, sintió fascinación por el arte frágil y torpe de Joan Miró, que le llevó a estudiar el arte, las creencias y los rituales de los primeros pobladores históricos de Norteamérica, anteriores a la llegada de los europeos.  
Esta influencia no pretendía remedar un estilo no naturalista, sino aprender de su visión de mundo, una visión, enmarcada por mitos y rituales, que, pensaba, podía echar luz y profundidad a un mundo plano y chato moderno. Toda su obra interpreta motivos y acciones de los Pueblos, representados por colores que el buen gusto no siempre veía con buenos ojos.
Caída en el olvido, una fundación reivindica su obra, Grqcias a lo cual, quizá por primera vez, se puede contemplar alguna obra suya en la fabulosa exposición sobre Joan Miró y la pintura norteamericana en la fundación Miró -la mejor, más ponderada y bien estructurada exposición del año en Barcelona.




lunes, 8 de diciembre de 2025

Misterio o el 8 de diciembre




8 de diciembre: fiesta de la Inmaculada Concepción de María en los países de religión católica o protestante mayoritaria o por decreto. No así en los países de religión ortodoxa.

Una concepción que es un oxímoron. Revela una contradicción o una imposibilidad que solo una gracia sobrenatural salva.

Los humanos nacemos marcados por un doble crimen: la desobediencia de Adán y Eva, la pareja primigenia, probando el fruto prohibido cuya ingesta mágicamente les habría convertido en dioses así su creador no hubiera borrado este don milagroso, un borrado deficiente que dejó para siempre una mancha indeleble que el paso de los siglos y de las generaciones no logró atenuar, y el crimen de Caín, hijo de Adán y Eva, ya ensombrecido por el mal, que asesinó a su hermano Abel por el injusto e inexplicable favoritismo que recibía del creador.

El dios cristiano es al mismo tiempo un ser humano -lo tiene que ser: solo así puede cumplir con su promesa de liberar a la humanidad de su falta inicial, liberación que pasa por su muerte a causa de nuestros males originados por el mal inicial que nos marca como un hierro candente, que nos esclaviza. La última falta, el último crimen que cometemos es la ejecución de la divinidad -o de su faceta humana, que se repite o se rememora cada año por pascua, cuando el mal del invierno llega a su fin. Cometiéndolo, agotamos al fin el poder destructor de la falta inicial siempre presente. Desde entonces, estamos libres de culpa.

Mas, en tanto que divinidad, el dios cristiano no está mancillado. Sí debería estarlo su faceta humana -si quiere ser un ser humano a parte entera, cuya muerte humana causada por nosotros nos libera del mal tras haber cometido el último crimen, tras haber gastado el último cartucho maléfico. 

En este caso, sin embargo, la faceta divina prevalece y la cara humana de la divinidad no queda afectada por el mal humano original.

En tanto que ser humano, o mejor dicho, para ser un humano, tiene la divinidad que tener un alumbramiento humano, una concepción y un nacimiento que imprime el mal en el cuerpo del recién nacido. La impresión viene causada por la madre, y el hijo a su vez transmitirá esta falta originaria que nos predispone a hacer el mal  -una predisposición innata de la que somos culpables en tanto que humanos, e inocentes puesto que nos ha sido impuesta.

Si el dios cristiano nace sin mancha necesariamente su madre a su vez tiene que estar liberada de tal falta.

Que lo esté su hijo puede explicarse, porque además de ser un humano, es también una divinidad.

Pero ¿su madre? Si no posee una mancha, solo puede ser una diosa. Pero las diosas solo pueden alumbrar a divinidades, no a humanos.

Solo un milagro, la intervención de un deus ex machina puede solventar esta contradicción irresoluble…. Una humana que no es una humana que alumbra a un ser humano que es una divinidad.


(La teología, la magia, la poesía, la física cuántica y la filosofía son fascinantes,  porque se enfrenten serenamente a la absurdidad de la vida y tratan de hallar una razón a la irracionalidad). La ciencia y ls técnica, por el contrario, solo quieren ver la luz.

De ahí la grandeza de la arquitectura -que no de la construcción- que sabe ver las alturas y el abismo.

Pero hoy la arquitectura se inclina peligrosamente hacia la mera materialidad de la construcción. Ya no cree que las piedras puedes desplazarse solas y disponerse donde les toca, mientras los héroes gemelos  Zeto y Anfión logran con su música y sus versos que la materia se libere del peso que la atenaza y la embrutece y levite.

domingo, 14 de septiembre de 2025

El hombre-lobo






Una de las creaciones más fascinantes halladas en la península ibérica es apenas visible: tan solo un día al año, cuando la Real Academia de la Historia de Madrid abre sus puertas al público. Únicamente los estudiosos tienen autorizado el  acceso para contemplarla un día a la semana. Tampoco puede ser fotografiada. Las deficientes imágenes incluidas en este breve texto proceden de una muestra temporal de 2010 en la que se incluyó esta obra casi secreta -aunque muy conocida, sobre la que se han escrito numerosos estudios, que también proporcionan algunas imágenes. Se ha expuesto dos veces en el siglo XX, una en la Exposición Internacional de Barcelona en 1929.
Se trata de una pieza de bronce, de unos veinte por veinte centímetros. Debe de ser del siglo cuarto antes de Cristo. 
Fue desenterrada en el Cerro Matiz en la provincia de Jaén en la segunda mitad del siglo diecinueve. Se hallaron cuatro bronce similares. El conjunto fue dividido entre el Museo Arqueológico Nacional y la Real Academia de la Historia. 
Debían de formar parte de un carro de combate, enterrado junto a los restos de un guerrero de alto rango.

La obra se compone de un fragmento tubular sobre el que destaca una figura bifronte: el rostro de un joven por un lado, junto con la testa de un lobo en el lado contrario. La disposición de ambas figuras permite que las puntiagudas y amenazantes orejas del lobo asomen sobre el rostro del joven guerrero, concediéndole un inquietante, misterioso e irreal aspecto. Y, sobre todo, fascinante.
Ambos rostros, humano y animal, encajan perfectamente. Coinciden a lo largo del perímetro de unión. Están a la misma escala. Pero contrastan, al mismo tiempo que se corresponden. El joven es un lobo o, mejor dicho, el lobo es la cara oculta del joven; muestra en lo que el joven puede convertirse, simboliza los poderes del joven.

Al igual que en la cultura latina, el lobo es el animal emblemático de las culturas íberas. Debía de expresar poder e inteligencia. Las virtudes que debieren poseer o adquirir todo joven. 
El lobo, como bien se ha escrito, es un animal de los límites -como el oso en Grecia y en centroeuropa. Controla los límites. 
Éstos son imprescindibles para la salvaguarda, pero también para la composición armónica de una comunidad. Los límites protegen. Establecen una frontera mágica que impide que los peligros que acechan se inmiscuyan en los asuntos humanos. El límite, a su vez, evita que el ser humano se extralimite, y devenga una fiera, un fuera de la ley. Permite la contención. Traza un círculo en el que la vida comunitaria puede desarrollarse sin violencia. Marca la separación entre la humanidad y la animalidad, la civilización y la barbarie, entre el autóctono y el extranjero, entre quienes tienen derechos y los excluidos. En el círculo comunal se da la espalda a todo aquel, a todo lo que no tiene cabida, porque se teme que perturbe y desagregue el orden. En el círculo impera la ley. Fuera, la desmesura.
Controlar la frontera otorga un singular poder. Se puede controlar a la comunidad y se tienen relaciones con el exterior. Desde y a partir del límite lo desconocido se pone al alcance y aquél pierde su poder basado en la ignorancia en la que uno se encuentra acerca de lo que ocurre fuera del límite. De lo que no se sabe solo se espera lo peor. Por eso las dictaduras favorecen la ignorancia.
El guerrero tiene que ser un lobo, un hombre-lobo, para poder defender a su comunidad. Circula en el filo entre lo civilizado y lo indómito, entre la humanidad y la animalidad (en la que se incluye a la extranjería). Siendo un lobo podrá entender al lobo -que siempre actúa en manada, siguiendo la estela del jefe-, y preverá sus intenciones. Desactivará sus previsiones. Se anticipará a sus reacciones, y mantendrá a salvo a la comunidad, una comunidad a salvo de los lobos gracias a la presencia, siempre temible, del hombre-lobo, como bien exhibe esta maravillosa escultura, sin duda mágica, de probada eficacia, que debía de dotar de velocidad al carro sobre el que el hombre-lobo circulaba imaginariamente para otear los peligros y enfrentarse velozmente a éstos. El ser humano  es un lobo -para sus semejantes, que miran más allá de la frontera.
Bien lo seguimos viendo a día de hoy.

Agradecimientos a la RAH por la detallada visita de su espléndida y sorprendente colección -que incluye incluso dos relieves neo-asirios, los únicos en una colección española, creemos.