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domingo, 28 de junio de 2026

La arqueología en disputa: obras singulares del Antikensamlung (Museo arqueológico) de Basilea (Suiza)








Próximo oriente antiguo









Chipre 














Egipto












                                   Grecia y Roma


“La condición que imponemos: que no se incluyan obras del museo de Basilea en la exposición”; o bien: “nuestras obras no pueden compartir vitrina con obras de dicho museo.”

Así se expresaba -y quizá aún se exprese, incluso de manera más tajante- el ministerio de cultura griego acerca de las condiciones de préstamo de obras arqueológicas de museos públicos griegos en varias exposiciones en Barcelona hace algunos años.

Contrariamente a los museos públicos europeos que se nutren de obras procedentes de excavaciones arqueológicas -no siempre legales en el siglo XIX y durante el periodo colonial- en Egipto y el Próximo Oriente, el museo arqueológico de Basilea, deslumbrante, expone, al igual que la mayoría de los museos norteamericanos, obras procedentes de colecciones privadas donadas o depositadas al museo; colecciones formadas por obras originales adquiridas en el mercado -y algunas falsificaciones-, cuya procedencia no siempre es comprobable o no está comprobada y que, por tanto, pueden proceden de excavaciones ilegales o de expolios, lo que da lugar, desde 1985, cuando se reguló qué obras se podían exportan, a denuncias y juicios planteados por gobiernos (griego, turco, italiano, y de varios países sudamericanos, africanos y de Oceanía) que suelen concluir con devoluciones, públicas o discretas, de obras a los países que las reclaman -aunque queda la duda si dichos países, a menudo instituidos tras la segunda mundial o el fin del colonialismo en los años sesenta y setenta del siglo pasado, pueden legítimamente considerarse los herederos de reinos, tribus o culturas de la antigüedad-, so pena que ninguna petición de obra sea atendida a partir de entonces, poniendo patas para arriba e imposibilitando la organización de exposiciones con préstamos internacionales, lo que daña las economías nacionales o municipales. 

Las grandes empresas farmacéuticas como Novartis y grandes familias son las depositarias o donantes de las obras arqueológicas del museo arqueológico de Basilea, agrupadas por culturas pero también por colecciones privadas. Obras, sin duda, estéticamente seductoras y a menudo singulares.


Nota:

Las últimas plantas del museo están cerradas estos días por la ola de calor (cuarenta grados de día), ya que el museo carece de aire acondicionado -lo que también daña las obras expuestas, supuestamente a salvo en Suiza de los conflictos que han asolado o que asolan a los países de origen. 

 

viernes, 17 de abril de 2026

“La Montaña Santa Victoria” , o uno de los primeros mapas de la (pre)historia (Museo de Navarra, Pamplona)

















 

Fotos del mapa rupestre y de la documentación que lo acompaña: Tocho, Abril de 2026

Un guijarro pulido, de forma alargada y redondeada, con entrantes y concavidades, que cabe en la mano, transportable, cuyo perfil se asemeja al de un monte cercano: el monte Navarro de Abauntz.
Guijarro grabado con imágenes de animales: imágenes usuales.

Pero otras trazas son mucho menos comunes: rayado insistente que evoca el curso de un río y un afluente, y una línea ondulada perfectamente reconocible: el equivalente paleolítico (10000 aC) de la sureña Montaña Santa Victoria que Cézanne dibujó y pintó obsesivamente a finales del siglo XIX.
Ríos y montaña componen un mapa que también indica la presencia de animales.

El grabado muestra criterios gráficos que diez mil años más tarde seguimos utilizando. Revela una percepción y una comprensión del territorio, punteado de hitos identificables que permiten la ocupación del espacio, puesto así al servicio de una comunidad o un clan. Y denota que los humanos del paleolítico eran capaces de traducir la complejidad del paisaje en unos esquemas bidimensionales de lectura unívoca.

El mapa es la expresión de la comprensión y la posición de un territorio, sometido mágica y gráficamente al servicio de una comunidad, de manera que se perciban y se reconozcan las claves que otorgan sentido a un espacio extenso. Éste, ilimitado, externo al ser humano, acaba acogido por la mano que toma posesión simbólica de aquél.
Dicho mapa es la joya del museo de Navarra y lo convierte en uno de los cuatro o cinco museos más importantes -y mejor presentados- españoles.


Para HT, la mejor estudiosa del simbolismo de los mapas.

miércoles, 25 de marzo de 2026

“Maquetas arquitectónicas” egipcias en los museos egipcios en El Cairo (Egipto)

Maquetas arquitectónicas y bandejas de ofrendas del Museo Egipcio en El Cairo 











Maquetas arquitectónicas en el GEM (Gran Museo Egipcio) en Giza (El Cairo)



“Maquetas” votivas de graneros depositadas en tumbas, quinto milenio




















“Casas del alma”: bandejas funerarias, con un pitorro para verter libaciones, réplicas imperecederas de alimentos y “maquetas” de moradas o graneros en una parcela cercada, depositadas en la arena sobre tumbas muy modestas para alimentar y acoger el ka del difunto, 2100 aC 



Maqueta de pirámide para un albañil, un constructor o un arquitecto, o “maqueta” votiva depositada en la tumba de un constructor, C.1500 aC



Lámpara en forma de casa, 300 aC


Fotos: Tocho & Carmen Cantarell, Gran Museo Egipcio (GEM) y Museo Egipcio, Giza y El Cairo, marzo de 2026


El egiptólogo William Flinders Petrie halló enterradas, a principios del siglo XX, unas ciento cincuenta modestas bandejas de terracota, sencillamente ejecutadas, en el desierto, cerca de Rizeh. 

Al hallarlas cerca de tumbas muy sencillas -un enterramiento directamente en la arena- supuso que estos objetos habrían sido depositados encima de la tumba para indicar su emplazamiento -o sobre el difunto, o en la entrada del nicho-. 

Datados de finales del tercer milenio, estas bandejas incluyen representaciones de alimentos, algunos recipientes, y un vierte aguas en una punta que se interpreta como una salida a libaciones vertidas en la bandeja para dar de beber  al difunto. Algunas bandejas incorporan también una imagen de una construcción -una casa de una o dos plantas, con o sin pórtico de de entrada, cubierta plana, en algunas ocasiones con una pequeña construcción en la terraza, a la que se accede por una escalera exterior, un cobertizo o un granero- que debe de reproducir o imitar construcciones existentes o tipos de construcciones al uso.

Petrie nombró estos objetos “casas del alma”, porque supuso que servían para alimentar y acoger al ka (el doble incorpóreo) del difunto, aunque la tumba o la simple fosa excavada en la arena ya ofrecían un espacio donde el ka podía recogerse.

Estos objetos interesaron poco a los museos a los que Petrie ofreció, y se almacenaron en reservas en la mayoría de los casos. Algunas fueron vendidas a otros museos que tampoco prestaron demasiada atención a unos objetos muy distintos de los fastuosos tesoros funerarios de materiales valiosos de las clases superiores cercanas al faraón.

Sin embargo, puesto que se han encontrado escasas muestras de viviendas de clases sociales bajas, sobre todo del Imperio antiguo y del posterior primer periodo intermedio, antes de finales del tercer milenio, estos objetos, hoy, documentan, de manera más o menos alusiva, qué imagen o forma pudieran haber tenido estas viviendas de adobe que tan pocos testimonios han dejado.

La mejor y mayor colección de “casas del alma”  -una expresión que dio título, hace treinta años, a una exposición sobre el imaginario arquitectónico antiguo en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona- sigue hallándose en Egipto, distribuida principalmente en los dos grandes museos arqueológicos de El Cairo.


https://egyptartefacts.griffith.ox.ac.uk/blog/petrie-s-soul-houses-provenance-rifeh-location-western-institutions


A Carolina, Carlos y Mario, entusiastas de este tipo de objetos