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martes, 31 de marzo de 2026

Muhammad Ibn al-Muhsain (¿arquitecto?): Mezquita del sultán al-Hassan (El Cairo, Egipto, s. XIV)




























Fotos: Tocho, marzo de 2026
 

El Cairo, una ciudad de medio millón de habitantes, a principios del siglo XIV, había quedado reducida, cuentan las crónicas, a una ciudad vacía, desierta; una ciudad fantasma, asolada por la peste negra.
El renacer de El Cairo requería un golpe de efecto, que devolviera confianza y esperanza a una escasa población diezmada por la epidemia.
Tal fue la razón -o una de las razones- de la construcción de una de las mayores mezquitas del mundo, y una de las más altas. 
Frente a la horizontalidad de las mezquitas árabes, la mezquita de al -Hassan, cuando el dominio mameluco (turco), se concibió como una fortaleza de altísimas paredes.
 El patio más se parece, desde abajo, a un pozo. Es necesario alzar la vista para percibir el cielo, cuya vista está limitada por los muros del patio; un patio ¡con una planta en forma de cruz! - pues el cuadrado central se alarga en las cuatro dirección con diwanes (o nichos abovedados de grandes dimensiones abiertos, en cada lado, hacia el patio central, en cuyo centro se yergue una fuente cubierta de abluciones). 
El patio no es un espacio central que invite a rodearlo a lo largo de un pórtico que lo enmarca, sino que la disposición del patio en relación al acceso a la mezquita y a la disposición de la sala de oraciones, en una posición que recuerda el ábside de un templo cristiana, dibuja un recorrido lineal, aunque complejo. En efecto, el acceso a la sala de oraciones se realiza desde un extremo del conjunto, a través de una entrada  de altura sobrecogedora, más cercana a las fauces de un monstruo que a un umbral proporcionado a la altura de las casas cercanas, y exige, antes de alcanzar la sala de oraciones, ubicada en el diwan más alejado del acceso, un recorrido por oscuras estancias, que causa cierto deslumbramiento cuando se alcanza un espacio, el patio, de nuevo a cielo abierto. 
El tono pardo de la piedra, los juegos de mármoles oscuros en la sala de oraciones, la oscuridad de las salas de acceso y de tránsito, otorgan al conjunto cierto tono funerario acorde con una de las funciones que acoge la mezquita, amén de la educativa -posee cuatro madrassas o centros de estudios-, la sanitaria -disponía  de uno de los mejores hospitales mundiales en la baja Edad Media-, y religiosa: un mausoleo.  
La desmesura del proyecto -en un país arruinado-, la altura y esbeltas excesiva de los cuatro minaretes, causó la ruina del conjunto -y la muerte de centenares de personas aplastadas por el derrumbe de uno de los minaretes cuando las obras no habían concluido-. No concluyeron. El sultán fue asesinado: la construcción detenida para siempre. Una historia que recuerda el anverso de la ambición tras la construcción de la Torre de Babel. 

domingo, 29 de marzo de 2026

Mezquita de Al-Azhar (s. X, El Cairo)










 

Fotos y filmaciones: Tocho, marzo de 2026

La mezquita fatimi de al-Azhar, construida poco después de la conquista árabe de Egipto, a mediados del siglo X, es la más conocida de las mezquitas medievales de El Cairo. Sin embargo, las transformaciones, ampliaciones y restauraciones, ya en época medieval, han desdibujado el proyecto original, pero también han enriquecido su función inicial.
Hoy presenta un muro perimetral que separa la mezquita de las calles circundantes -el acceso, bien es cierto, es libre, desde una plazoleta en la que bulle la vida del barrio y la llegada de turistas-, el patio rectangular -que sigue siendo, ciertamente, el centro y el corazón de la mezquita, su razón de ser- está rodeado de un pórtico abierto al patio, pero cerrado a las salas que lo rodean, y las dos estancias de oraciones constituyen espacios cerrados -aunque accesibles a todos, varones en una, mujeres en otra. 
Una de las modificaciones y ampliaciones, en el siglo XII, convirtió la mezquita en un centro de estudio superior muy anterior a los europeos, y no solo religioso -se enseñaban leyes, gramática, historia, literatura, química, astronomía, un programa de saberes inspirado en las artes liberales, la educación superior de Roma, Persia y la India-, lo que conllevó la partición del conjunto y la agregación de estancias, necesariamente cerradas. De mezquita a una “universidad “ o, utilizando la expresión medieval occidental, un estudio general, sin que este cambio funcional impidiera que la mezquita atendiera a las prescripciones religiosas. Esta función educativa superior no ha desaparecido pero ya no se atiende en la mezquita, aunque la estructura original no puede recuperarse, ni posiblemente se deba. 
Tras cruzar el umbral, y acceder al patio, se entiende de inmediato el nombre con el que se la conoce desde siempre: al-azhar: la brillante, o la deslumbrante. Los ojos, hechos a los tonos pardos y terrosos de las casas circundantes y a la bienvenida penumbra de la red de callejuelas sin asfaltar ni empedradas que descienden de la ciudadela como secos torrentes que la atenazan, quedan momentáneamente ciegos por la blancura de los mármoles pulidos originarios que recubren el suelo y los muros del patio; un verdadero patio de luz, una luz deslumbrante simbólica, no solo por las connotaciones religiosas, sino también o sobre todo educativas: el conjunto quiso echar luz sobre las sombras de la ignorancia y la credulidad. 

Las imágenes aquí ofrecidas tan solo son el testimonio de la vitalidad de la mezquita, de su función social, a ratos, por la tarde, un área de juego en la que los niños saltan sobre las placas del enlosado de mármol como en un tablero de una rayuela, y en otras, o simultáneamente, un centro de encuentro, abierto a distintas interpretaciones del islam, y no un claustro de aislamiento meditativo. 

sábado, 28 de marzo de 2026

Mezquita al Muayyad Shayk (s. XV, El Cairo)














 Fotos: Tocho, El Cairo, marzo de 2026


Las mezquitas medievales de El Cairo son las más hermosas y mejor conservadas que se pueda recordar.
Pero poseen estilos distintos, marcados por la dinastía reinante.
En cualquier caso, una mezquita no es un espacio sagrado, sino profano y público, al que se accede desde la calle sin tener que subir escaleras como si el edificio estuviera en un podio por encima de las casas circundantes. Se trata de un espacio comunitario donde caben toda clase de prácticas y comportamientos, desde el descanso, la comida, el juego y la oración: un lugar de encuentro del barro en el que se inscribe. 
La mezquita ofrece un espacio amplio, insertado en la densa y laberíntica trama medieval, con callejuelas de tierra, y casas sobre casas coronadas por palomares, del Cairo histórico. De pronto, al cruzar el umbral, el espacio se expande y se hace la luz.
El Cairo medieval  presenta principalmente dos tipos de mezquitas: mezquitas fatimies, y mamelucas. Las primeras, inspiradas en la casa romana,  consisten en un patio y nada más. Un amplio patio cuadrado, perfecto, rodeado por los cuatros lados de un pórtico abierto que ofrece sombra y frescor. Uno de los pórticos se amplía con dos o tres filas de columnas que configuren una estancia amplia, también enteramente abierta al patio: la sala de oraciones.
En el centro del patio, una construcción de planta central, a veces circular, coronada por una cúpula debajo de la cual se disponen, a lo largo del perímetro del cuerpo central, fuentes que componen la zona de abluciones. No se requiere, no se encuentra ningún elemento o añadido más. Una depuración y un rigor.m diríamos impropia mente que franciscano.
La mezquita Fátima es un inmenso y bienvenido vacío en la ciudad medieval, que juega con la luz y las sombras y la insólita beatitud que aporta la perfección geométrica y de proporciones del patio, en una insólita armonización de la importancia griega de las medidas y oriental de la luz.

La mezquita del sultán al - Muayyad, del siglo XV -restaurada desde entonces innumerables veces, lo que no ha afectado a su magnetismo- se construyó bajo los mamelucos, que eran de origen turco, y concebían la mezquita de manera muy distinta. Sin embargo, en una insólita muestra de amplitud de miras o de sincretismo, esta mezquita se construyó según el gusto fatimida: un espacio abierto -aunque algunas pequeñas estancias más recogidas son más propias de los mamelucos. 

La mezquita fatimida -de la que la mezquita Ibn Tulun, ya comentada es es ejemplo perfecto- responde a una tarea paradójica: construir un vacío, de manera que los materiales intangibles del aire y la luz, y las divinas proporciones, también ideales, sugieran un espacio abierto a lo alto -los lados del patio encuadran el azul del cielo-, al que todos tienen acceso: un espacio accesible y que no domina, un lugar de bienvenida y de encuentro entre lo visible y lo invisible . 
Construir lo inmaterial: tal fue la ambición y el logro de las mezquitas fatimies -de la que esta mezquita es un epígono tardío y admirable. Y que las mezquitas modernas y contemporáneas han olvidado a menudo bajo el peso de los mármoles y los ornamentos dorados rococós: