El Cairo, una ciudad de medio millón de habitantes, a principios del siglo XIV, había quedado reducida, cuentan las crónicas, a una ciudad vacía, desierta; una ciudad fantasma, asolada por la peste negra.
El renacer de El Cairo requería un golpe de efecto, que devolviera confianza y esperanza a una escasa población diezmada por la epidemia.
Tal fue la razón -o una de las razones- de la construcción de una de las mayores mezquitas del mundo, y una de las más altas.
Frente a la horizontalidad de las mezquitas árabes, la mezquita de al -Hassan, cuando el dominio mameluco (turco), se concibió como una fortaleza de altísimas paredes.
El patio más se parece, desde abajo, a un pozo. Es necesario alzar la vista para percibir el cielo, cuya vista está limitada por los muros del patio; un patio ¡con una planta en forma de cruz! - pues el cuadrado central se alarga en las cuatro dirección con diwanes (o nichos abovedados de grandes dimensiones abiertos, en cada lado, hacia el patio central, en cuyo centro se yergue una fuente cubierta de abluciones).
El patio no es un espacio central que invite a rodearlo a lo largo de un pórtico que lo enmarca, sino que la disposición del patio en relación al acceso a la mezquita y a la disposición de la sala de oraciones, en una posición que recuerda el ábside de un templo cristiana, dibuja un recorrido lineal, aunque complejo. En efecto, el acceso a la sala de oraciones se realiza desde un extremo del conjunto, a través de una entrada de altura sobrecogedora, más cercana a las fauces de un monstruo que a un umbral proporcionado a la altura de las casas cercanas, y exige, antes de alcanzar la sala de oraciones, ubicada en el diwan más alejado del acceso, un recorrido por oscuras estancias, que causa cierto deslumbramiento cuando se alcanza un espacio, el patio, de nuevo a cielo abierto.
El tono pardo de la piedra, los juegos de mármoles oscuros en la sala de oraciones, la oscuridad de las salas de acceso y de tránsito, otorgan al conjunto cierto tono funerario acorde con una de las funciones que acoge la mezquita, amén de la educativa -posee cuatro madrassas o centros de estudios-, la sanitaria -disponía de uno de los mejores hospitales mundiales en la baja Edad Media-, y religiosa: un mausoleo.
La desmesura del proyecto -en un país arruinado-, la altura y esbeltas excesiva de los cuatro minaretes, causó la ruina del conjunto -y la muerte de centenares de personas aplastadas por el derrumbe de uno de los minaretes cuando las obras no habían concluido-. No concluyeron. El sultán fue asesinado: la construcción detenida para siempre. Una historia que recuerda el anverso de la ambición tras la construcción de la Torre de Babel.













































